rapa nui (ii) – te ra’ai

Te Ra’ai es un restaurante donde la agrupación cultural Haha Varua, dirigida por Víctor Ika, realiza un atractivo trabajo de acercamiento del turista a las costumbres, tradiciones y ritos del pueblo rapanui, partiendo por mostrar y compartir con el público el arte de la pintura corporal (Takona), para proseguir con con el curanto ceremonial o Umu Ta’o (cocción de carnes, pescado y verduras en un hoyo sobre piedras volcanicas calientes), posterior cena y luego presentación de música y bailes rapanui, con explicaciones en inglés y español del significado de las danzas y de sus instrumentos, así como de otros elementos de su cultura, como los moai, el ‘Ao (remo de mando), o el Kai Kai (juego de hilos).

rapa nui (i) rano raraku

Con  desfase de una semana, aquí un álbum de momentos destacados de un viaje -laboral y demasiado corto- a Rapa Nui, Isla de Pascua, Te Pito O Te Henua, en Chile insular. Hoy Rano Raraku, la fábrica de los moai.

la desooorden – ciudad de papel

El cuarto trabajo de La Desooorden, nuevamente dentro del formato conceptual, responde a una situación de contingencia nacional. Ciudad de Papel relata el conflicto vivido entre Celulosa Arauco y la comunidad de Valdivia, gatillado por el hallazgo, en octubre de 2004, de cientos de cisnes muertos en el Santuario del Río Cruces debido a la contaminación producida por la industria de celulosa, y la forma en que ello detonó un gran movimiento ciudadano que mostró la tardía y ambigua reacción del gobierno en ese tema. Ciudad de Papel es además la banda sonora del documental homónimo estrenado en el 14° Festival de Cine de Valdivia 2007.

La propuesta de La Desooorden resulta francamente cautivadora, y ello es visible desde el empaque de lujo. En Ciudad de Papel la banda, a la vez que mantiene elementos propios de su música, expande la paleta sonora. La mezcla estilística es notable, y si en el pasado mostraron influencias del jazz, el folclor y el progresivo, ahora sumamos una aproximación bastante más intensa hacia el rock, que en sus momentos más densos los asemeja a Tool. A nivel estructural también hay cambios, y muchos de los temas del disco se acercan al formato canción, si bien éste es cruzado por variados segmentos instrumentales destacando notables solos de guitarra y saxo a lo largo del trabajo. Así, mientras La Isla de los Muertos se trataba de un trabajo mucho más unitario, aquí los temas también funcionan como entidades aisladas. El estilo vocal también cambia, siendo menos frecuente el canto recitativo y teatral.

Sonidos algo medio-orientales son los que abren el disco en Fumarolas del Alma, tema que se desarrolla en forma dramática, recordando a los mejores momentos musicales de las obras de Cirque du Soleil. Incluye el notable coro: “No le preguntes al agua/cuanta sed tiene el hombre”, que resume en forma brillante el concepto del disco. El tema homónimo muestra a la banda alcanzando una intensidad que previamente era sólo insinuada, mientras que a la vez se mezcla con sonidos de trutrucas, kultrunes, un coro sinfónico y múltiples percusiones étnicas, en una forma absolutamente única.

Tras El llamado del Totoral, un instrumental dominado por el trabajo de diversas percusiones, sigue El Gran Acuerdo, que en un estilo jazzero y lúdico recrea las maquinaciones entre Anacleto Angelini y el señor gobernador (“de baratissima conciencia”) para la instalación de la planta de celulosa: “El agua no importa, la gente no importa, salute por el costo del progreso”.

Migraciones Eternas conjuga diestramente la musica y líricas, con una primera sección vocal describiendo el daño de la lluvia ácida, para luego de un final falso lanzarse a una coda que tras un suave comienzo aumenta su intensidad, con una mezcla de sonidos tribales, guitarras afiladas y teatrales voces al unísono describiendo el paso de palabras a acciones de los contrarios a la planta de celulosa. Sin dudas la banda logra generar ambientes notablemente distintos manteniendo a la vez un sonido propio. Eso queda aún más claro con La Voz de los Niños, donde el piano y un coro de niños genera algo semejante a una canción de cuna.

A través de grabaciones de voces de los distintos involucrados nos informamos de la visión de los pobladores de Valdivia. Así, en Acción por los Cisnes, nombre del grupo que inició las protestas en Valdivia, escuchamos a una activista, en un muscular tema jazz-rock. En Tralcao se presentan las comunidades mapuches, mientras la voz recuerda a Pancho Sazo de Congreso y la banda realiza un memorable trabajo percusivo con instrumentos étnicos como la tabla, recordando a Dead Can Dance de Into the Labyrinth y Spiritchaser.

Homínidos es un vibrante instrumental con potentes riffs de guitarra y gran espacio para solos de saxo, tras el que comienza el denso Los Trabajadores, tema que guarda similitudes con Ciudad de Papel, volviendo a aparecer el coro sinfónico. En E-N-E-U-J la guitarra alcanza un dominio absoluto en un tema rockero, rugiente y directo.

Boletos para Ir, tema que remite a lo mejor de Congreso, marca un cierre pausado y delicado para un disco intenso y complejo, y que por lo mismo puede requerir ser oído en repetidas ocasiones para lograr apreciarlo en su totalidad. Sin embargo, no son acaso así los discos que finalmente más apreciamos?

Sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos de 2007.

(publicado originalmente en rock-progresivo.org)

Más información: sitio web oficial de La Desooorden.

la desooorden en vivo 10.10.09

Mientras las masas celebraban la clasificación de la selección chilena al próximo mundial de fútbol y el caballo del General Baquedano temblaba ante el arribo de nuevos jinetes, algunos pocos preferimos arriesgar nuestra integridad física cruzando los alrededores de la plaza Italia con tal de llegar a la sala SCD Bellavista. Algunos pocos, demasiado pocos, que llegamos a disfrutar otra celebración, la de los 15 años de carrera de La Desooorden, banda valdiviana que con ese motivo se presentó por tercera vez en Santiago.

La Desoorden desafìa las clasificaciones. Encasillarlos en algún género es un ejercicio no solo complejo, sino que básicamente imposible. Elementos de fusión jazzera, rock progresivo, música étnica, todos ellos se funden para dar con estilo que sólo podría definir como La Desooorden.

En su presentación de casi dos horas hicieron un recorrido por toda su discografía, junto a adelantos de lo que será su nuevo trabajo en estudio. Un concierto redondo, lleno de energía, potencia, emoción. Una banda que puede tanto hacernos bailar como quedar inmóviles en el asiento ante su ataque sonoro.

Esperemos tenerlos pronto una vez más en Santiago y que en esa ocasión la única celebración del día sea el poder ver a La Desooorden.

Galería completa aquí

Más información de La Desooorden en su sitio oficial.

porcupine tree – lightbulb sun

Stupid Dream fue recibido con sorpresa por los fans que vieron cómo la banda se alejaba casi totalmente de lo electrónico y lo progresivo a favor de un sonido rock con formato canción, cercano a lo que se hallaba haciendo Radiohead. ¿Qué podían esperar los fans entonces como el siguiente paso? Antes de un año de la aparición de Stupid Dream, Steven Wilson y compañía editan Lightbulb Sun (2000), y la verdad es que podríamos decir que este álbum “es más lo mismo, pero distinto”.
Temáticamente Wilson deja de escribir sobre la trascendencia, las guerras, los conflictos de ser musico, y otras temáticas abordadas anteriormente y se dirige únicamente hacia un ámbito de líricas personales y recuerdos de su infancia. La mayor capacidad vocal lograda por Wilson, ya notada en Stupid Dream, aquí es más clara aún, complementándose adicionalmente con coros con bellas armonías vocales entre Wilson y Chris Maitland.

La primera parte del álbum se caracteriza por composiciones cortas, aunque no exentas de maestría: Cambios entre acústico y eléctrico y variadas intensidades en Lightbulb Sun, sonoridades cercanas al Floyd de Barrett y bellos juegos vocales en How is Your Life Today? y rock muy mainstream, pero repleto de los detalles sonoros ya clásicos dentro de Porcupine Tree en 4 Chords that Made a Million. Con Shesmovedon llega un clásico instantáneo: una cancion de amor con un efectivo uso de coros a dos voces y vocales procesadas, junto a un solo de guitarra de aquellos a los que Steven Wilson ya nos tiene acostumbrados. The Rest Will Flow es, en tanto, el momento más pop de Lightbulb Sun, un bello tema dominado por un cuarteto de cuerdas.

Mencion aparte merece Last Chance to Evacuate Planet Earth Before it is Recycled. La primera parte, Winding Shot (Summer 81) es un bellísimo tema acústico, con la sorpresiva participación de un Banjo, acerca de los recuerdos inocentes de la adolescencia. Suavemente se diluye hacia la segunda parte, la homónima Last Chance.., que es un verdadero retorno a la epoca de Signify: un extenso y atmosférico instrumental sobre el que aparece sampleada parte de la grabación que la secta Heaven’s Gate dejo antes de su suicidio colectivo hace un algunos años (“..nuestra misión está por terminar… venimos del espacio distante.. y estamos por retornar de donde venimos… es necesario que dejemos atrás todos los métodos, comportamiento, ignorancia y desinformación humanos… esta será la última oportunidad de evacuar el planeta tierra antes de que sea reciclado”).

La segunda parte del album es bastante más difícil de digerir y tiende a alejarse de la línea de Stupid Dream. Se inicia con Hatesong, un extenso tema elaborado en torno al efectivo bajo de Colin Edwin. El título se ajusta perfectamiente al clima desarrollado durante sus ocho minutos: partes vocales enojadas y líricas directas, una estridente sección instrumental y un cierre extenso y oscuro. El mellotron tiene un rol bastante más fuerte que en el resto del álbum, acrecentando tensiones desde un segundo plano. Suavemente el sonido de unos pájaros hace de interludio hacia Where Would We Be, un tema sobre el desencanto que se produce al contrastar lo que se quiso ser y lo que se es. Elaborado sobre una simple base acústica, incluye un solo de guitarra disonante que recuerda a Adrian Belew.

Nuevamente vuelven los sonidos de pájaros y nos dejan frente al gran tema del álbum: Russia On Ice. La primera sección vocal, bastante Floydiana, tiene apoyo de un cuarteto de cuerdas (las que son dirigidas con efectividad por Dave Gregory, de XTC) e incluye un bello solo de guitarra. La  segunda parte, en tanto, es un extenso instrumental que podría definirse como la actualización a rock puro de la sección Wire the Drum de Sky Moves Sideways. Asombroso resulta el despliegue, tanto en percusiones como en tambores de Chris Maitland, mientras que los teclados se contraponen a las rugientes guitarras. Hacia el final todo se suaviza, hasta quedar solo los sonidos de los efectos de los teclados de Barbieri, que desembocan en el tema final del disco, Feel So Low, muy simple y suave, con líricas directas, muy personales. Se asemeja bastante a Say it with Flowers de Fish, funcionando bastante bien como cierre.

En 2007 se edita una nueva edición de Lightbulb Sun, con una nueva mezcla stereo y 5.1, e incluyendo 3 temas adicionales como bonos en el formato DVD, destacando especialmente la extensa Buying New Soul y la ambient Cure for Optimism.

Lightbulb Sun resulta ser un disco redondo, sin puntos bajos. El cambio de estilo de Stupid Dream aquí aparece más matizado con las marcas registradas del Porcupine Tree del pasado, y con mayor espacio para los desarrollos instrumentales. Aún así, puede que muchos fans de discos como Up the Downstair aún se sientan algo decepcionados, pero si hay algo que queda claro aquí es que Steven Wilson es capaz de crear melodías sencillamente memorables.

porcupine tree – stupid dream

El siguiente paso en la carrera de Porcupine Tree, Stupid Dream (1999), fue uno inesperado. Si bien cada nuevo trabajo de Porcupine Tree marcaba una diferencia con el anterior, nunca el cambio fue tan rotundo como esta vez. El gusto por el pop de The Beach Boys, los arreglos de cuerdas y las armonías vocales deciden a Wilson por componer por primera vez un disco de canciones, dejando los largos segmentos instrumentales a un lado.

Es cierto, siempre hubo canciones en los discos del grupo, pero nunca cubriendo un disco completo. Es más, el primer tema del disco, Even Less, había sido estrenado en vivo meses antes de la edición del disco como un extenso tema de 15 minutos de duración, pero en la edición final de Stupid Dream apareció reducido a la mitad, con la segunda sección relegada a una cara B justamente por ser demasiado progresiva.

Don’t Hate Me y Tinto Brass contienen los otros atisbos progresivos del disco, el primero siendo un tema con influencia Floydiana, especialmente en su sección instrumental, incluyendo un solo de saxo a cargo de Theo Travis, mientras que la segunda es un instrumental que por momentos parece salido del arsenal de los Ozric Tentacles. Aires lisérgicos también se cuelan por Baby Dream in Cellophane, mientras que las revoluciones suben en Slave Called Shiver, con una pulsante línea de bajo, y en This is no Rehearsal, que alterna secciones acústicas y eléctricas.

Piano Lessons, Stranger by the Minute y Pure Narcotic son, en tanto, puro y delicado pop, con melódicos coros, sin nunca olvidar los arreglos prolijos característicos de la banda. Hacia el final, dos joyas: A Smart Kid, una balada con temática sci-fi con arreglos de cuerdas y un demoledor solo de guitarra que ya quisiera haber tocado David Gilmour, y Stop Swimming, quizás el tema más desoladoramente triste compuesto por Wilson.

En 2005 fue editada una versión revisada de Stupid Dream, con un arte de carátula completamente nuevo, e incluyendo una nueva mezcla stereo y un DVD adicional con el álbum en formato 5.1 y como bonos el asombroso instrumental Ambulance Chasing y la versión íntegra de Even Less, temas que ciertamente merecían su inclusión en la versión final del álbum.

Stupid Dream no es mi disco favorito de Porcupine Tree. Es cierto, no existe un sólo momento débil en todo el trabajo y Steven Wilson da muestras de un cada vez mayor refinamiento en sus composiciones, aprobando la dura tarea de hacer canciones memorables, pero aún así se extraña la veta instrumental que tan buenos frutos les había dado en el pasado. Aún así, y en el contexto global de la carrera de la banda, puede considerarse un paso necesario, además de un excelente punto de entrada a Porcupine Tree para quienes no son afines necesariamente al rock progresivo.

porcupine tree – signify

Si bien sólo en los últimos años Porcupine Tree ha comenzado lentamente su ingreso dentro del mercado mainstream, dentro de círculos netamente progresivos “saltó a la fama” con el disco The Sky Moves Sideways, donde confluyeron claras influencias Floydianas y un marcado interés por la música electrónica. Para el sucesor de ese disco sin embargo la banda no se deja estar y edita Signify (1996), marcando un camino bastante diferente.

Lo primero que es marcadamente notorio en este álbum es que estamos hablando por vez primera de una banda propiamente tal y no de un proyecto solista con músicos de sesión: si bien la composición es dominada por Steven Wilson (voz, guitarras, samplers, teclados), tanto Richard Barbieri (teclados), como Chris Maitland (batería, segundas voces), y Colin Edwin (Bajo) contribuyen en la composición de un par de temas, y mas importante aún para el oyente: hay un sonido de banda no logrado hasta entonces.

Lo segundo y fundamental es que Signify es sencillamente un trabajo increible. Elegante, seductor, oscuro, delicado e intenso. Su secuenciación además permite sentirlo como un único gran viaje, y como tal merece ser oído íntegramente, y su arte de carátula es una obra de arte por si misma, dando el perfecto marco para emprender este viaje.

El atmosférico introductorio Bornlivedie establece el concepto sobre el que se desarrollará el álbum: Toda persona, en un grado u otro, busca trascender, significar, y durante el álbum se desarrollan variadas formas erróneas de hacerlo, desembocando en el intenso instrumental Signify, una especie de mezcla de YYZ de Rush con Neu!. The Sleep of no Dreaming es en tanto la primera canción propíamente tal, acerca de una vida gobernada por el tedio:

Made a good living
by dying it’s true
As the world in my TV
leaks onto my shoes

El breve interludio ambient Pagan da espacio suficiente antes de la siguiente canción, Waiting (phase 1), de base acústica y que sigue la temática de una vida sin sentido, y por primera vez mostrando el gusto de Wilson por las armonías vocales, a la vez que permite el desarrollo de dramáticos solos de guitarra. Sin descanso continúa Waiting (phase 2), un viaje por variadas atmósferas creadas por teclados y guitarras, sobre un bajo pulsante y sutiles percusiones tribales e incluye un sampleo la potente frase acuñada por Wendy O. Williams: “the brainwashed do not know they are brainwashed”.

Sever, en tanto, muestra un sonido más agresivo y compacto, con un Wilson con cada vez mayor dominio de su registro vocal, y conjugando lo que más adelante será una marca registrada de la banda, composiciones rockeras pero con elaboradas armonías vocales.

A continuación uno de los puntos más altos del disco, la extensa Idiot Prayer, donde Porcupine Tree, tras una atmosférica introducción logra como nunca conjugar la electrónica con el rock progresivo, con secuencias, loops de batería y un bajo repetitivo dando la base para delirantes desarrollos instrumentales, sobre los cuales se incluyen sampleos de “Battle for the Mind”, un disco de propaganda antidrogas de orientación religiosa de mediados de los 60. El efecto logrado es una fuerte crítica a las religiones organizadas.

La calma vuelve con la exquisita suavidad acústica de Every Home is Wired, cuyas líricas hablan de la alienación que puede generar internet. Para este track Wilson sobrepuso múltiples veces su voz durante los coros, dando un efecto asombroso. Una coda instrumental con multiples efectos sonoros conecta a este tema con Intermediate Jesus, instrumental que sigue en la misma línea crítica de Idiot Prayer, aunque musicalmente se trata de una improvisación donde se mezclan guitarra acústica y eléctrica, piano y notables bajo y batería, creando el momento más psicodélico del álbum.

El último interludio, Light Mass Prayers, es el más extenso y más ambient, con efectos vocales y de percusiones procesadas. Con cuatro minutos puede resultar tedioso para algunos, pero personalmente me parece que encaja perfectamente dentro del álbum. Más aún cuando introduce al track final: Dark Matter, que se inicia con suavidad entre guitarra acústica y Hammond y líricas acerca de lo que significa estar en giras, la presión de los medios y la música como producto, y que cierra con uno de los solos de guitarra mas vibrantes que yo haya oído.

Las sesiones de Signify fueron particularmente productivas, lo que se tradujo en dos grabaciones anexas. Por un lado, el disco de improvisaciones Metanoia, que sigue la línea de Intermediate Jesus, y por otro lado Insignificance, que recopila demos, versiones previas y material previamente inédito, inicialmente sólo disponible en una edición limitada a los fans. La reedición 2003 del álbum incluye a Insignificance, en una edición revisada y remasterizada, en un disco adicional, y es un perfecto complemento para Signify, con algunas composiciones memorables descartadas, como las acústicas Smiling not Smiling o Wake as Gun (que posteriormente sería reutilizada para componer Jack the Sax de No-Man), un notable cover de Hallogallo de Neu! que deriva en una versión inicial de Signify, o Dark Origins, que usa la base de Dark Matter para generar un oscuro y atmosférico tema, entre otros.

Signify es en resumidas cuentas una de las obras maestras de la banda, y quizás uno de los momentos más destacados del catálogo puercoespín, pues salvo algunos momentos en los siguientes trabajos, el grupo no volvería al estilo desarrollado aquí. Eso hace a Signify un disco con una personalidad única, y que presenta el momento cúlmine de los primeros años de  carrera de Porcupine Tree, el momento en que lograron crear una de las mejores mezclas de rock, ambient y electrónica que se hayan compuesto.

porcupine tree – the sky moves sideways

The Sky Moves Sideways (1994) fue el trabajo que puso a Porcupine Tree dentro del mapa del rock progresivo de los años noventas. Alejado del llamado rock neoprogresivo de bandas como Pendragon o IQ, la de Porcupine Tree era una apuesta diferente, y la más clara (si bien quizás no la principal) influencia venía de la mano de Pink Floyd.

Más aún, el track homónimo está dividido en dos partes, a su vez subdivididas y abren y cierran el disco a la manera en que Shine on You Crazy Diamond ya lo había hecho 20 años antes. Aún más, la guitarra de Steven Wilson por momentos recuerda bastante el estilo de David Gilmour, el trabajo lírico puede ser tan depresivo como el de Roger Waters y en la música también se incluye sampleos de voces.

Sin embargo, existen notables diferencias. Si bien la primera parte de The Sky.. contiene un Floydiano comienzo, la sección central incluye una brillante e hipnótica mezcla de rock y electrónica, y ciertamente la base musical de PT dista del blues de Pink Floyd.

Se trata de música creada por nuevas generaciones y dirigida a oídos abiertos a nuevos sonidos. Dislocated Day, construida en base a un sampleo de Aida de Miles Davis, contiene un sentido de urgencia que la hace parecer más breve de lo que es. The Moon Touches your Shoulder es en tanto el tema más Floydiano, con una partida con rasgueos acústicos y un final intenso, contundente.

Para el cierre la segunda sección del track homónimo, un extenso instrumental, más atmosférico que la primera, incluyendo relajadas vocalizaciones de Suzanne Barbieri para acrecentar el sentido Floydiano, pero también un disonante solo de guitarra en que Wilson muestra su gusto por King Crimson.

Si bien la música continúa siendo compuesta por completo por Steven Wilson, por primera vez la música es grabada por la que sería la formación de Porcupine Tree por los próximos cuatro discos: Chris Maitland en batería, Colin Edwin en bajo, y Richard Barbieri en teclados. Esto brinda nuevas cualidades al sonido del grupo, destacando especialmente el textural trabajo de Barbieri y la destreza rítmica de Maitland.

La edición inglesa del disco sin embargo, cometió un gran error. Dos composiciones quedaron fuera y fueron editadas como en el EP Moonloop. Si bien la edición americana ya había resuelto la omisión, la reedición de 2004 en formato de disco doble deja en claro la importancia de estos temas, incluyendo la versión completa de Moonloop, la primera composición grupal de la banda, consistente en una extensa y atmosférica improvisación seguida de una demoledora coda, y de Starsdie, probablemente la mejor canción de ese período de la banda, de base acústica, sencilla y delicada. Se incluye además una versión alternativa de The Sky Moves Sideways, esta vez como un único track de 35 minutos, aún sin las líricas definitivas y aún buscando el mejor arreglo, pero sin radicales diferencias respecto a la versión final.

Probablemente el mayor pecado de este álbum sea ser el trabajo más derivativo de la carrera de Porcupine Tree. Pese a ello, es un disco potente, y que continúa mostrando que aún se podía esperar mucho de este ahora cuarteto.

porcupine tree – up the downstair

En muchos aspectos, Up the Downstair (1993) puede categorizarse como el inicio de la historia de Porcupine Tree. Es el primer trabajo creado especificamente como un álbum, y también el primero en que participan, si bien sucintamente, los futuros miembros oficiales, Colin Edwin y Richard Barbieri. Aún así, se trata aún básicamente un proyecto en solitario,
Sin lugar a dudas Up the Downstair es uno de mis discos favoritos del catálogo puercoespín. Aquí ya florece el estilo único de Porcupine Tree de hacer rock progresivo, mirando hacia adelante en vez de regresando al pasado. Es así como por ejemplo el track homónimo al mismo tiempo hace una reverencia a Popol Vuh y se influencia de la electrónica con un bajo y percusión pulsantes, mientras la distante voz de Susan Barbieri y los estallidos de la guitarra de Wilson logran que el interés en este extenso tema nunca se agote, hasta llegar al intenso clímax final.
Como pocas veces Porcupine Tree balancea las composiciones cantadas y las instrumentales, y la voz de Wilson comienza a sonar más segura de si misma en temas como Synesthesia o el potente Always Never, que incluye una intensa sección instrumental.
La segunda parte del disco puede considerarse una extensa composición, con sus temas fluyendo uno en el otro. La partida la da Not Beautiful Anymore, un enérgico y breve tema incluyendo los sampleos de una mujer haciendo confesiones a modo de líricas, que se continúa tras un breve interludio instrumental con Small Fish, un tema vocal con delicados punteos de guitarra y un apasionado solo de guitarra que a su vez desemboca en Burning Sky, una bestia musical de 11 minutos donde se conjugan momentos atmosféricos así como las influencias del krautrock de guitarras reiterativas de Ash Ra Tempel, fundiéndose con un sentido épico con desarrollo de  in crescendos para quitar el aliento, para terminar suavemente en Fadeaway, una balada llena de emoción que siempre me ha recordado el modo en que Wind & Wuthering de Genesis cerraba con Afterglow.
En 2005 Up the Downstair fue reeditado y para ello se decidió incluir el EP Staircase Infinities de 1994 en un segundo disco. Dicho EP incluye material adicional, considerado inicialmente para una edición doble de Up the Downstair, junto con algunos temas compuestos inmediatamente después. Se trata de un trabajo que explora con mayor detalle la veta ambient de Wilson, con trabajos en su mayoría atmosféricos, interesantes sin ser particularmente destacables y que por momentos, como en Rainy Taxi, recuerdan a Pink Floyd de A Saucerful of Secrets. Así, es absolutamente comprensible su exclusión del trabajo mayor, pero por si solos logran funcionar como un todo, convirtiendose en un atractivo anexo. De los 5 temas destaca el más extenso, Yellow Hedgerow Dreamscape, con un bajo inquietante y que progresivamente toma mayor velocidad a medida que Wilson hace de las suyas con la guitarra.
Más importante aún, la reedición solucionó el mayor problema del álbum: la percusión electrónica creada por Wilson, reemplazándola por la diestra batería de Gavin Harrison. La remezcla del álbum además lo dejó en igualdad de condiciones con la pulcra producción de los siguientes trabajos del grupo.
Up the Downstair es en resumidas cuentas un trabajo redondo, donde cada pieza calza perfectamente en su lugar, y que muestra con claridad la visión de PT como un proyecto que desafía las clasificaciones en pos de un estilo único.

En muchos aspectos, Up the Downstair (1993) puede categorizarse como el inicio de la historia de Porcupine Tree. Es el primer trabajo creado especificamente como un álbum, y también el primero en que participan, si bien sucintamente, los futuros miembros oficiales, Colin Edwin (bajo) y Richard Barbieri (teclados). Aún así, se trata aún básicamente un proyecto en solitario de Steven Wilson.

Sin lugar a dudas Up the Downstair es uno de mis discos favoritos del catálogo puercoespín. Aquí ya florece el estilo único de Porcupine Tree de hacer rock progresivo, mirando hacia adelante en vez de regresando al pasado. Es así como por ejemplo el track homónimo al mismo tiempo hace una reverencia a Popol Vuh y se influencia de la electrónica con un bajo y percusión pulsantes, mientras la distante voz de Susan Barbieri y los estallidos de la guitarra de Wilson logran que el interés en este extenso tema nunca se agote, hasta llegar al intenso clímax final.

Como pocas veces Porcupine Tree balancea las composiciones cantadas y las instrumentales, y la voz de Wilson comienza a sonar más segura de si misma en temas como Synesthesia o el potente Always Never, que incluye una intensa sección instrumental.

La segunda parte del disco puede considerarse una sola extensa composición, con sus temas fluyendo uno en el otro. La partida la da Not Beautiful Anymore, un enérgico y breve tema incluyendo los sampleos de una mujer haciendo confesiones a modo de líricas, que se continúa tras un breve interludio instrumental con Small Fish, un tema vocal con delicados punteos de guitarra y un apasionado solo de guitarra que a su vez desemboca en Burning Sky, una bestia musical de 11 minutos donde se conjugan momentos atmosféricos así como las influencias del krautrock de guitarras reiterativas de Ash Ra Tempel, fundiéndose con un sentido épico con desarrollo de  in crescendos para quitar el aliento, para terminar suavemente en Fadeaway, una balada llena de emoción que siempre me ha recordado el modo en que Wind & Wuthering de Genesis cerraba con Afterglow.

En 2005 Up the Downstair fue reeditado y para ello se decidió incluir el EP Staircase Infinities de 1994 en un segundo disco. Dicho EP incluye material adicional, considerado inicialmente para una edición doble de Up the Downstair, junto con algunos temas compuestos inmediatamente después. Se trata de un trabajo que explora con mayor detalle la veta ambient de Wilson, con trabajos en su mayoría atmosféricos, interesantes sin ser particularmente destacables y que por momentos, como en Rainy Taxi, recuerdan a Pink Floyd de A Saucerful of Secrets. Así, es absolutamente comprensible su exclusión del trabajo mayor, pero por si solos logran funcionar como un todo, convirtiendose en un atractivo anexo. De los 5 temas destaca el más extenso, Yellow Hedgerow Dreamscape, con un bajo inquietante y que progresivamente toma mayor velocidad a medida que Wilson hace de las suyas con la guitarra.

Más importante aún, la reedición solucionó el mayor problema del álbum: la percusión electrónica creada por Wilson, reemplazándola por la diestra batería de Gavin Harrison. La remezcla del álbum además lo dejó en igualdad de condiciones con la pulcra producción de los siguientes trabajos del grupo.

Up the Downstair es en resumidas cuentas un trabajo redondo, donde cada pieza calza perfectamente en su lugar, y que muestra con claridad la visión de PT como un proyecto que desafía las clasificaciones en pos de un estilo único.

porcupine tree – on the sunday of life

En prácticamente todos los artículos, entrevistas y comentarios de la prensa especializada se ha comentado cómo es que Porcupine Tree partió como un juego de Steven Wilson, creando una supuesta banda legendaria de los 70s para etiquetar un proyecto solista donde dar cabida a las tendencias autoindulgentes que no tenían espacio en su proyecto principal, No-Man. De lo que pocos hablan es de la música en si.

On the Sunday of Life es un trabajo en muchos aspectos atípico dentro del catálogo puercoespín: extremadamente heterogéneo, viaja sin dificultad desde el ambient al pop psicodélico, pasándo claro está también por el rock progresivo.

En su edición original en vinilo fue un disco doble, con más de 75 minutos de música, con 18 temas en total de duración y calidad variable, con toda la ejecución del material a cargo de Wilson. Siendo más bien un compilado del material que venía componiendo y editando en partidas limitadas, es imposible pedirle a On the Sunday of Life un sentido de unidad, ni menos que mantenga constantemente un nivel de calidad constante. Claro, tracks como Third Eye Surfer, Queen Quotes Crowley o No Luck with Rabbits son (afortunadamente) breves ejercicios de autoindulgencia que realmente no tienen mucho que ofrecer al auditor y muy posiblemente tampoco le tomaron mayor tiempo a Wilson en ser compuestas.

La indulgencia sin embargo muchas veces brinda también los mejores momentos al álbum. The Nostalgia Factory, el primero de los temas extendidos, pone por primera vez a PT en el espectro progresivo, con un tema enérgico y donde abundan los solos de teclados y de una delirante guitarra, convirtiéndolo en uno de los mejores temas del álbum, si descontamos el trabajo vocal. Éste es uno de los principales puntos más negativos de On the Sunday..: Wilson filtra su voz, aún no suficientemente pulida, generando efectos que en ocasiones lindan en el franco ridículo (como en la psicodélica Linton Samuel Dawson).

Este sentido de cierta forma artesanal no pasa sólo por las voces. Siendo un trabajo en solitario, Wilson se encargó también de la batería (electrónica) y de teclados y bajo, y queda manifiesto aquí el importante rol de los músicos que en el futuro transformarían a este proyecto en una banda propiamente tal.

El mejor tema del álbum, y uno de los únicos que ha sobrevivido en las presentaciones en vivo de la banda, es Radioactive Toy. Se trata de un tema extenso y que logra conjugar los mejores aspectos de esa época: un registro vocal sin efectos, distante, casi frío para hacer juego con la letra, lentos y dramáticos solos de guitarra, amplio espacio para secciones atmosféricas, y ante todo, un gran sentido de cohesión.

Tampoco se trata de que sólo destaquen los temas más progresivos. Existen composiciones breves que resultan particularmente atractivas. Nine Cats es un tema sin mayores pretensiones pero que en su sencillez resulta cautivante, y sería retomado en versión acústica años más adelante. Space Transmission en tanto es particularmente inquietante, con una temática sci-fi/teológica, y Footprints da los primeros signos del gusto de Wilson por el contraste entre coros y versos.

And The Swallows Dance Above the Sun es otra de las grandes composiciones del álbum, y el mejor de los temas breves, y de hecho ha sido reconocido por Steven Wilson como uno de sus temas favoritos del período. Es un trabajo atípico, con percusiones que recuerdan el Drum n’ Bass y un registro vocal casi hablado, con un trabajo lírico que es por lejos el mejor dentro del disco.

Uno de los aspectos más interesantes de este trabajo es su capacidad de mostrar la amplitud estilística de Wilson, que con los años iría depurando, pero que nunca ha abandonado. Trazos del pop psicodelico de Jupiter Island y This Long Silence están en Piano Lessons, de Stupid Dream, y en una transformación metálica, también en The Creator has a Mastertape, de In Absentia, mientras que el ambient de Music for the Head y de It Will Rain for a Thousand Years sería retomado especialmente en Signify.

Ahora bien, ¿todo lo anterior hace a On the Sunday of Life un trabajo para escuchar reiteradamente? Al menos en lo personal la respuesta es no. Del catálogo puercoespín, es por lejos el disco que menos escucho, y el único probablemente en que me salto la mitad de los temas. Pero de vez en cuando es recomendable volver a ese lugar donde todo comenzó.