Jorge López.

mayo 31, 2008

caminata nocturna

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 9:40 am
Salgo desde la tienda donde compro una paquete de papas fritas y me encamino a casa. Es de noche y son muy pocos los que andan por la calle, incluso estando en el centro del pueblo. Llego a una esquina y el carnicero sale hacia afuera como si buscara encontrarme, y me dirige una mirada inquisidora, demandante, como si algo quisiera de mi, así que acelero el paso y evito el encuentro.

La vuelta de la esquina me enfrenta a una pequeña ventana, en parte cubierta por un cartón. Desde adentro se escucha un saxo, ¿o un trombón?, con el que un aprendiz de músico intenta lograr una escala. No, son dos saxos, pero el segundo concertista requiere aun mayor entrenamiento. Por breves instantes recuerdo cuando quise aprender piano, y de cuando no tomé esas clases por temor a esa anciana profesora que nunca conocí. Es curioso cómo vuela el tiempo.

Tras la ventana y tras la respectiva casa no queda gran cosa. Casas a oscuras, cuadras y cuadras caminando a solas. De pronto un sitio baldío a la izquierda, con un muro derribado que permite ver hacia dentro, por supuesto revelando nada. Pienso en lo ocurrente que sería la aparición de un fantasma en estos momentos, cruzando la calle, directo hacia mi, cuando a varias cuadras parece no haber nadie.

Nadie, tan sólo yo, el frío que se cuela entre mi chaqueta y mi camisa, la luz de los faroles y las sombras. El silencio sólo se rompe por el crujido de las papas fritas en mi boca.

Cuando finalmente voy llegando a casa, pienso que éste sería un buen comienzo para una historia. Y me queda dando vueltas esa idea. Y por qué no, después de todo, cada momento puede ser el momento para una vuelta de tuerca, para comenzar de nuevo, para un nuevo episodio de la sitcom, o por qué no, para el esperado largometraje.

(junio, 2006)

mayo 26, 2008

anoche

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 10:45 pm

Hoy desperté con un curioso dolor en mi glúteo derecho. Una extraña sensación que trae a la memoria la incómoda sensación que perduró por varias horas tras la inyección de penicilina que recibí no sin antes mostrar mi cobardía a raíz de una molesta amigdalitis.

La misma sensación llevó a una incógnita, y desde ahí a pensar en que de hecho no logro recordar qué fue lo que ocurrió ayer. Mente en blanco.

Escuché el timbre. Si, definitivamente lo escuché. Esperaba que sonara, vendría un amigo a casa, un colega. ¿Estaba enfermo? pareciera que no. Recordaría una amigdalitis que me hiciera comprender mejor la situación. Y para qué lo llamaría a él por una amigdalitis, algo tan trivial. Fui a la puerta, nadie afuera.

Ah, para emitir la licencia médica respectiva lo habría necesitado. Pues hoy es martes, y ayer no trabajé, creo. Ciertamente hoy no estoy trabajando. Mi cuello. Vaya que duele. ¿Una mala noche, una contractura muscular?

Recuerdo algo. Noche insomne perfecta para redactar emails lácrimógenos. Un ruido en la puerta de entrada. ¿Pasos? Temor. Más de 20 años en esta casa sin vecinos, sin alarmas, sin protecciones. Tenía que llegar el día. ¿O es acaso Pesadilla, la gata díscola e independiente haciendo intentos por entrar? Si, los gatos ya me han hecho pasar por trances parecidos. Silencio. Miedo.

Tras el silencio seguí escribiendo el email. Largo y tendido, siempre soy mejor escribiendo que hablando.

Sigo escribiendo hasta que la luz y la música se apagan. El brillo del laptop iluminó el inesperado golpe en mi nuca. Caigo hacia un lado. La inyección, la mirada de mi amigo, serena, seria. No hay tiempo para comprender, es tiempo de dormir.

Y ahora el tiempo es de confusión.

(febrero 5, 2008.)

mayo 25, 2008

la historia es así (iii)

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 2:04 am

Más bien era así.

Dos mujeres, compañeras de viaje, se encuentran en la calle con un auto estacionado. Al interior del auto, una niña de unos tres años, sola, algo adormecida. Las mujeres, con el instinto maternal a flor de piel, se preocupan por la niña. La saludan por la ventana, abren la puerta, le preguntan dónde está la mamá. Donde sea que esté, la ha dejado sola en un auto, a pleno sol. Las mujeres conversan y miran de un lado a otro, se notan contrariadas, molestas. Quién no lo estaría en su situación. Cómo puede haber una mujer tan desnaturalizada como para dejarla ahí. Aunque bien podría ser el padre, los hombres nunca piensan en los pormenores. ¿Y si le da hambre? ¿y si quiere ir al baño? ¿y si llega alguien y la rapta? es una niña linda, en un buen auto. La gente en estos días haría cualquier cosa por dinero.

¿Y ahora qué hacemos? obvio, esperar, ver si encontramos a la madre.

Van donde el cuidador de autos. ¿Usted no vio a la mujer de este auto? si, si, era una señora rubia, delgada, pero sólo después que salió me di cuenta que había quedado la niña en el auto, dama. ¿Y cómo andaba vestida? no se, pantalones blancos, polera de colores. Lo siento, veo tanta gente durante el día, usted sabe, en el verano se llena por acá.

Las amigas se miran, miran a la niña. Qué hacemos, hay que ir a buscar a un carabinero, ellos son los que se debieran encargar de esto, no se, llevar a la niña a la comisaría, dejar una nota en el auto, remolcar el auto, qué se yo.

Afortunadamente el cuidador de autos pensó lo mismo, y llegan en ese momento dos oficiales. Explican la situación, si, mire, ¿qué se hace en estos casos? ¿podrían llevarla a la comisaría? ¿Ustedes se encargan entonces? perfecto, mire que nosotras teníamos que irnos, pero no podíamos dejar a la niña sola. Muchas gracias, no, pero no hay de qué. Que tengan buen día, buen viaje. Mientras esto ocurre, un auto choca a pocos metros intentando estacionarse. Un oficial acude al lugar de los hechos, no fue nada grave, deja constancia de la situación.

Los carabineros siguen conversando con el cuidador. No sabe mucho, preguntará al colega que anda por ahí. Hablan con la niña, se quedan ahí al lado del auto. Hablan entre ellos. Uno mira constantemente su reloj. Son las 13:30, hora del almuerzo, y están frente a un restorán, toda una tortura.

Y en el restorán una familia observa todo lo ocurrido y conversa animadamente discutiendo sobre qué ocurre con la niña, cuando de pronto son interrumpidos por el mozo.

-Señores, sus platos. ¿La reineta a la mantequilla? perfecto. ¿Mechada? okey. ¿Congrio frito? aquí está. En seguida les traigo los acompañamientos, señores.
-Ya me moría de hambre.
-El servicio estaba más lento hoy ah?
-Menos mal que teníamos con qué divertirnos.
-Pero justo se estaba poniendo aburrido.
-Qué te apuesto que llega en un rato la mamá de la cabra chica. Rubia y tontorrona, no calculó que se iba a demorar un kilo en las compras.
-Demás. Oye esta reineta está de lujo!

mayo 23, 2008

la historia es así (ii)

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 7:31 pm

Es así.

Dos mujeres, ambas de lentes oscuros y cargando mochilas pequeñas, esperan al lado de un auto estacionado en la calle. Al interior del auto una niña de unos tres años, rubia, piel clara, realmente una niña muy linda. Las mujeres conversan y miran de un lado a otro, se notan contrariadas, molestas. Quién no lo estaría en su situación. Un camión se ha estacionado en segunda fila al lado del auto, el que no pueden sacar. Es mediodía, la hora en que se encontrarían con su contacto. Cómo van a salir, cómo se va a estacionar el auto de ellos con ese camión ahi. La niña sigue tranquila, los sedantes son suaves para no despertar sospechas, pero pronto podría empezar a llorar y llamar a la madre.

Van donde el cuidador de autos. ¿Usted no vio al del camión? si, si, pero no alcancé a decirle que no se podía estacionar. Es que estaba ayudando a salir a un caballero, dama. Claro, cuando me di cuenta el tipo ya no me hacía caso. Ok, gracias, da gusto estacionarse así con usted.

El cuidador escucha algo de la conversación de las mujeres y decide pecar de más que de menos y llamar a los carabineros que hacen rondas por el sector. Cuando llegan el camión ya se ha ido.

Damas, disculpen, estamos haciendo un control de rutina. ¿La niña es su hija? claro, me lo imaginaba. ¿Me permite sus documentos por favor?

La mujer está nerviosa, contrariada, pero con papeles limpios, el paco no será un problema, no, claro que no. La niña.. ¿habrán dado aviso? ¿la reconocerán? aún no sale en las noticias. ¿Y el contacto donde está?

El contacto en esos momentos viene llegando. Al ver a carabineros se desespera. Choca a otro auto estacionado, trata de salir hacia atrás, pero los nervios lo traicionan. Más que choque, fue un topón, un impacto de baja energía, nada terrible, vamos, lo saco en un segundo. Los carabineros siguen conversando con la mujer, y aparentemente no se han dado cuenta de la situación que ocurre unos metros más atrás. En sus maniobras finalmente el parachoques ya sea por fatiga de material o quien sabe cuál razón más o menos elaborada, hace un ruido suficientemente sonoro como para que uno de los hombres de la ley se percate y se dirija al sitio del suceso.

Ahora si que estamos cagados, se pudo leer claramente en la boca del chofer.

Sin embargo, tras un rato, las mujeres se van previos cordiales saludos al carabinero. El auto chocador finalmente es estacionado por el cuidador de autos un par de espacios más allá. Tuvo suerte joven, dijo el carabinero. Al auto estacionado no le pasó absolutamente nada. De todas formas dejaremos tomados sus datos. Si mi cabo, por supuesto, es que no se lo que me ocurrió. Ay señor carabinero, intervino la mujer regordeta que iba en el asiento del copiloto. Mi niño hace poco que está manejando. Manejaré yo de vuelta, no se preocupe.

Los carabineros siguieron un rato más ahí, con la niña.

Resulta que la historia tampoco era así.

mayo 22, 2008

la historia es así

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 10:22 pm

Dos mujeres, madre e hija, se encuentran afuera de un auto estacionado en la calle. Dentro del auto, una niña de unos tres años, la hija menor, el conchito. Las mujeres conversan y miran de un lado a otro, se notan contrariadas, molestas. Quién no lo estaría en su situación. No pueden sacar su auto por culpa de un camión que se ha estacionado en segunda fila. Es mediodía, la niña puede tener que comer, o ir al baño, o tiene sed, o está enferma y tiene que verla el médico. Pero cómo hacerlo con ese camión.

¿Cómo puede haber gente con tan nulo sentido del respeto a los otros?¿Es que acaso no cree ese tipo que tenemos cosas que hacer?¿Y ahora dónde lo encontramos?.

Van donde el cuidador de autos. ¿Usted no vio al del camión? si, si, pero no alcancé a decirle que no se podía estacionar. Es que estaba ayudando a salir a un caballero, dama. Claro, cuando me di cuenta el tipo ya no me hacía caso. Bueno, ¿y cómo era? No sé, gordo, con un jockey, la polera era negra parece, de esas que vienen con las cervezas, pantalones cortos, de esos de futbolista. Uf, así anda la mitad del pueblo vestido pues. No me acuerdo de más pos señora. El cuidador se coloca de vuelta sus audífonos y se va. A mi qué me importa, que vuelva y me pague el estacionamiento eso si.

Madre e hija miran a la niña. Llora. Qué hacemos, esperar nomás pos mamá, no le pongas tanto tampoco.

Llega un hombre gordo, de gorra, polera negra, pantalones cortos, pasa por el lado de las mujeres, pero las mujeres no le dicen nada. Quizás no se han dado cuenta de que es el chofer. Es cierto, medio pueblo viste igual, pero efectivamente él es el hombre. Se sube al camión, lo hace andar y parte. Las mujeres siguen sin decir nada, no hacen nada, seguramente atemorizadas por la apariencia de matón del hombre. Qué harían dos mujeres frágiles, femeninas, abc1 frente a este personaje?

Se va el camión, las mujeres siguen mirando hacia los lados, y la niña sigue en el auto.

La historia no era así.

mayo 14, 2008

escena uno

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 11:35 pm

Un auto se detiene metros antes del semáforo en rojo. Dos mujeres miran desde el interior a una anciana vestida en harapos.

Leo en sus labios un silencioso hola mamá, al tiempo que el semáforo en verde y la bocina del auto tras ellas las traen de vuelta al resto de sus vidas.

mayo 13, 2008

ergotamina

Archivado en: relatos — Jorge López @ 10:49 pm

Sabes muy bien cuando viene. Tras años de convivencia no es difícil darse cuenta. Pronto ya comienza y entonces la cabeza comienza a pesar, te das cuenta que estás pálido al notar tu frente fría y ese sudor más frío aún. Sientes los latidos de la parte más nimia de tu cuerpo.

Maldices una y otra vez al sol por estar ahí, y a ese más maldito reborde metálico que lo refleja cuando justamente tratabas de evitarlo. Pronto vienen las nauseas y las ganas de vomitar. Necesitas sacarte los lentes, la nitidez duele. Cerrar los ojos, respirar profundo.

Al lado conversan como si no supieran. No saben, se ríen y se ríen y todo retumba. Tus pasos (y los de los demás), las llaves en el bolso, la micro que pasa, la hoja seca que pisaste.

Desde niño que la migraña me acompaña. A veces se va de paseo, pero siempre vuelve, y con revancha. Diablos cómo duele. Y no queda más que llegar pronto a casa, buscar la ergotamina que por enésima vez olvidaste traer contigo, y esperar a que pase, que te deje en paz.

(escrito: 27.01.07)

Tema Silver is the New Black. Blog de WordPress.com.

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