Jorge López.

Agosto 25, 2008

¿qué ocurre ahora?

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 11:39 pm

- ¿Qué ocurre ahora? -me preguntó de repente, y sabía exáctamente a qué se refería.
- ¿Ahora? Pregunta curiosa que me haces.
- No soy de preguntas obvias – dijo, y era evidente que esta vez no tendría un salida  sencilla, así que dejé pasar unos segundos. La respuesta esperada era larga y compleja, probablemente sería capaz de darle un innecesario tono sentimental y terminaría siendo capaz de dejar espacio a la esperanza. Todo lo que no pretendía hacer.
- Me la pones difícil, sabes que soy malo con las palabras.

Seguimos caminando en silencio, mientras pensaba que era el momento adecuado para encender un cigarrillo y reforzar el paso hasta llegar a la banca de la plaza y quizás ahí intentar una respuesta. Intentar una respuesta que tendría que estar inventando en esos momentos. En cambio, sólo podía pensar que siempre hay algo que no resulta como lo esperamos, y así es como en este caso no fumo, no hay banca, no hay plaza, sólo calles y más calles en una tarde otoñal. Me asombro una y otra vez de mi cualidad para llegar a situaciones complejas en los momentos más inadecuados.

Fue entonces cuando el silencio a secas se transformó inexorablemente en un silencio incómodo que alguien tenía que romper.
- ¿Y entonces? -dijo con cierta impaciencia. Entonces un crack vino desde el suelo, y supe exáctamente qué es lo que debía decir.
- ¿Por qué no pisamos las hojas secas mejor? -le respondí. Ese eterno afán por ser niños una vez más realmente parecía ser la mejor opción en esos momentos. Después de todo, quién podría resistirse.

Y así fue como decidió pisarlas, pero en el sentido contrario al mío.

Agosto 23, 2008

Los Jaivas y Ballet Nacional Chileno – París-Santiago

Filed under: música — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 6:54 pm

El espectáculo coreográfico Paris-Santiago, con el Ballet Nacional Chileno y música de Los Jaivas se ha presentado ya en tres ocasiones, en 2003, 2004 y 2008, con gran éxito de público. Este DVD corresponde a una de las presentaciones de la temporada 2003, siendo esta presentación es el primer documento oficial de la breve primera formación de Los Jaivas tras la muerte de Gato Alquinta, con sus hijos Aurora en la voz principal, y el fallecido Eloy en vientos.

Los temas presentados incluyen clásicos de la banda como Canción del Sur, La Conquistada, o Mira Niñita, junto a hay otras joyas menos conocidas como Canción Para los Pájaros, Los Caminos que se Abren, o la fenomenal introducción a Arauco Tiene una Pena. Hay composiciones menores que fueron consideradas por Gigi Caciuleanu (coreógrafo del Banch) como aptas para transformarse en música de Ballet, incluyendo secciones de la banda sonora de Palomita Blanca, o temas del disco Si tu no Estás. Adicionalmente, se presentan entre los temas breves segmentos de canciones francesas.

El material audiovisual da mayor predominio a la ejecución del ballet, y es con justa medida, pues la representación visual de la obra de Los Jaivas por parte del Banch es soberbia. Por supuesto, hay tomas a la banda, que ocupa la porción trasera del escenario, pero el elemento más atractivo resulta aquí el grupo de bailarines.

Junto al espectáculo mismo, el DVD incluye como bonos un homenaje a Eloy Alquinta, que parte con una emotiva versión del inicio de La Poderosa Muerte con su saxo, y que incluye extractos de presentaciones con su banda Huaika, así como también con los Jaivas, junto a una entrevista a Claudio Parra hablando de él. A ello se agregan conversaciones con miembros del Banch, asi como con una revisión al proceso creativo de Gigi Caciuleanu, y un segmento en que Los Jaivas explican el sentido para ellos del concepto París-Santiago, y de lo importante que fue para la banda embarcarse en un proyecto así cuando llevaban tan poco tiempo desde el fallecimiento de Gato Alquinta.

En resumen, un excelente material documentando un espectáculo que esperemos tenga nuevas funciones.

Foto: Marcelo Martin

Video aficionado de la versión 2008 de París-Santiago:

Agosto 20, 2008

colecciones

Filed under: libros, personal — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 7:50 pm

Voy en el metro y frente a mí va una niña con su cartera. La abre y saca su colección de láminas, que parecen ser autoadhesivas, todas de perros. No de gatos ni canarios, sólo perros. Los bordes están en su mayoría desgastados, y el fajo de láminas en sí mismas en desorden, asomando entremedio monedas de 1 y 5 pesos, que son con prontitud descartadas y caen al piso en un sonido tan ínfimo frente al del metro en marcha que no se escucha, ni orientan respecto a donde han ido a parar. Revisa las láminas sin mostrar mayor interés, rápido, pero sin perderlas de vista. Pronto me doy cuenta que lo que hace es sacar aquellas que tiene repetidas, y se las pasa al padre. Pronto el padre tiene un número no menor de láminas, y si pudieramos saber lo que piensa seguramente estaría pensando en qué hacer con las láminas, si las puede botar o si no se verán bien pegadas en la ventana del vagón. No pareciera ser un hombre muy aficionado a semejante tipo de colecciones, le estorban en sus manos cansadas. La niña en cambio sonríe cuando se da cuenta que pese a tantas láminas repetidas, por fin las tiene todas tras ese intercambio con su compañera de curso.

Hace años leí un libro, La Gran Colección. Intentar recordar el autor sería un esfuerzo en vano, y no recuerdo mayor cosa del texto, pero sí que fue de los primeros libros que leí por decisión propia, escarbando en la gran biblioteca de la casa, por cierto gran en cantidad, mas no necesariamente en calidad. En ese mismo tiempo también encontré Crimen y Castigo de Dostoievsky, un libro que dejó huellas profundas y cambió mi forma de entender la literatura, la que nunca más fue mera diversión. La Gran Colección no hizo eso, y probablemente si lo leyera hoy lo descartaría como otro best seller más. No buscaré el libro para salir de la duda (lo que no es realmente cierto, no lo buscaré porque tras la reciente mudanza si bien no lo busqué, tampoco apareció). Por otro lado, buscar por internet un libro con un nombre así sería una experiencia suficientemente tediosa como para siquiera intentarlo, y para demostrarlo lo busqué, encontrando grandes colecciones en miles de agobiantes resultados.

Lo que si tenía ese libro era un surrealismo exquisito, o al menos lo suficiente como para cautivar a un jovencito inexperto en todas las artes como lo era yo. Un hombre, en medio de la nada, encuentra una enorme colección. ¿De qué? si mal no recuerdo era algo así como la bodega de un museo de historia natural. No recuerdo bien si además había arte. Puede que si. Si, de hecho lo había. El final no lo recuerdo, pero puedo inferir que un día la colección desapareció tan súbitamente como aparecío. Así son las cosas en la vida, no siempre tan mágicas, pero más seguido de lo que quisieramos creer tanto o más surrealistas.

Colecciones. Libros, música, monedas, estampillas, personas, cosas, cosas, ese afan por poseer es tan humano. Acaso una necesidad de plasmar de alguna manera lo que somos. Acaso lo que desearíamos ser.

Y ese padre no tiene interés alguno en ser un perrito autoadhesivo.

Agosto 15, 2008

the musical box

Filed under: música — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 4:34 pm

En los noventas las cosas eran distintas. La forma de conocer nueva música era bastante limitada a escuchar programas especiales en la radio de tus artistas favoritos. Radios como Futuro y la antigua Concierto podían presentar material particularmente suculento para expandir los gustos musicales. Con cassette siempre en la grabadora con REC +PAUSE apretados, esperabas el inicio de un programa que pudiera llevarte a otros mundos.

Fue decididamente otro mundo el que conoci la primera vez que escuché The Musical Box. Ya conocía el material de Genesis de We Can’t Dance e Invisible Touch, además de un par de cassettes de otros especiales de Genesis de la radio. Ya había adquirido ese gusto especial de darse cuenta de que una canción podía durar más de 4 minutos y por qué no diez, y alucinaba con escuchar algún día esa mítica Supper’s Ready, canción de 23 minutos que aparecía descrita en mi releída revista Rock Clásico en su especial de Genesis.

Pero nada me había preparado lo suficiente para The Musical Box, primer tema de Nursery Cryme de 1971. Cómo podría estarlo, si básicamente se trataba de algo distinto a todo lo que había escuchado hasta ese entonces.

(Haz click para escuchar The Musical Box)

Con su inicio acústico en que destaca el intrincado trabajo de las guitarras de 12 cuerdas de Mike Rutherford, Steve Hackett y Tony Banks acompañadas de la flauta de Peter Gabriel y los precisos y prolijos aportes de percusión de Phil Collins, el grupo da el soporte musical a una narración acerca de darse cuenta de que los reinos de hadas no existen y de un alma en pena vagando por siempre dentro de una caja de música. Si bien la canción no nos entrega detalles, para eso está el librillo del disco, o las introducciones en vivo de Peter Gabriel, donde nos enteramos que el alma en pena es Henry, un niño condenado a vivir en un cuerpo senil cuando la dulce Cynthia graciosamente removió la cabeza del pequeño con una palo de criquet.

Acorde a la temática onírico-macabra, entre toda la belleza acústica se puede sentir que algo va a ocurrir. De cierta forma un aire siniestro se cuela ente las guitarras y ese algo luego estalla con violencia eléctrica, con Steve Hackett brillando en su debut en Genesis. Desde ahí en adelante se desarrolla una montaña rusa musical que no deseas que se detenga más, y que llega a una conclusión majestuosa.

Han pasado los años y sigo disfrutando The Musical Box, pero ya no es como esas primeras veces, en que por momentos parecía perdido en un océano musical de aguas bastante turbulentas, sin saber bien qué es lo que estaba por venir, pero esperandolo ansioso. Extraño esos tiempos en que escuchaba una composición que no parecía tener forma, en que las partes vocales eran islas en ese océano instrumental, donde Genesis parecía ser una orquesta ejecutando una obra sinfónica en clave de rock.

Era magia pura, en un tiempo en el que la música lo llenaba todo y brindaba respuestas para todo, y Genesis ciertamente lo era todo. Tiempos más simples, tiempos donde había demasiado futuro y muchos más discos de Genesis por descubrir.

Agosto 10, 2008

últimas palabras

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 8:41 pm

Todo fue tan rápido que se me hace difícil recordar los detalles. La mujer venía en sentido contrario al mío, caminando con la mirada extraviada, o quizás demasiado fija en un punto lejano, vistiendo una falda larga en tono naranja y blusa de flores fuera de este tiempo. Nada de esto era tan curioso como el hecho de que sus manos las llevara semiflectadas, palmas hacia adelante. Mi primera impresión fue que se encontraba rezando un padrenuestro, pero algo en ella me hizo descartar la posibilidad.

De pronto su mirada se enfocó en mi de forma que fue imposible evitar demostrar que la observaba. Así, nuestros ojos chocaron de manera más bien incómoda, cuando a esas alturas ya estábamos demasiado cerca.

Detiene el paso frente a mi, al tiempo que pregunta:
- ¿Alguna vez has sentido tanta tristeza que puedes sentir la amargura en tu boca, que sientes al andar que tus piernas te flaquean?

Atónito, aún sin comprender qué es lo que estaba ocurriendo, cómo es que el tiempo había dado espacio para esta intervención, me quedo mudo, quizás esperando que no fuera más que una alucinación tras una noche sin dormir.
- A tu edad, probablemente no. Entonces no intentes comprender.

Y siguió andando hacia la esquina, al mismo ritmo lento de antes, sin detenerse ante el semáforo en rojo.

Agosto 7, 2008

sueños olvidados

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 12:11 am

Como todos los días, despertó y buscó su reloj para comprobar lo que ya sabía, que eran las dos. Calculó las horas que quedaban de sueño -cuatro y media- y se fue a la cocina. Abrió el refrigerador, lo cerró. Se sirvió un vaso de coca-cola sabiendo que esa cafeína no sería buena para un buen dormir, dio un sorbó y caminó al dormitorio. Vaso en el velador, play en el disco que pone cada noche para dormir, y volvió a la cama.

Despertó de un gran sueño a las 6:15 y aún no sonaba la alarma, por lo que la canceló. Su gato, como todos los días, apareció demandando cariño, y dedicó unos minutos de los quince a favor que tenía a satisfacerlo, al tiempo que olvidó lo que soñó. Buscó su ropa, entró al baño, encendió el calefactor. Estuvo treinta minutos en el baño y luego otros tantos a ordenar su maletín.

Eran las 7:15 cuando salió del edificio. Desde la puerta de acceso giró despreocupado su cara a la izquierda y se enfrentó a la torre de oficinas vecina. Bella, rupturista pero estilizada, prolija en ángulos y detalles. No pudo, como todos los días, dejar de recordar cómo la habían admirado tantas veces juntos, en esos tiempos lejanos de ser dos en vez de uno.

Subió al auto y emprendió el camino al trabajo. Trató de recordar lo que soñó, ¿fue realmente un gran sueño?. Sabía que en su sueño habían estado juntos, ¿o es que acaso era lo que quería haber soñado?

Siguió manejando, y se entristeció al pensar que todo lo que quedaba ahora eran sueños olvidados y ocho kilómetros de trayecto al resto de su vida.

Agosto 3, 2008

ruinas

Filed under: fotografía — Etiquetas: , , — Jorge López @ 11:28 am

Corría el cuarto año de Universidad y era tiempo de tomar ramos electivos. Decidí desempolvar esa vieja Nikon EM de mi padre (¿o de mi abuelo? nunca me quedó muy claro) y comenzar a dar pasos en el mundo de la fotografía. Aprendí algo de técnica fotográfica, pero lo más interesante, aprendí esa maravilla que es revelar y luego ampliar las propias fotos.

Ese curso incluía para su aprobación requería armar un proyecto final para ser expuesto en el hall de la Facultad, el que debía acompañarse por un texto que ligara las fotos. Tras muchos borrones llegué a lo que es mi primer (y hasta ahora único, agradezcamos eso) intento publicable de pseudopoesía. El trabajo fotográfico, en tanto, no estuvo exento de problemas. Hechas en las ruinas de una fundición de cobre en Naltahua (Isla de Maipo, Región Metropolitana), a veces encaramarse en la ladera de cerro en que se encuentra resultó bastante riesgoso. Por otro lado, una sesión completa terminó perdida al velarse un rollo. No eran los tiempos de las cámaras digitales, pero había una magia especial en el no saber qué habías logrado sino hasta cuando estabas en el laboratorio de revelado.

Y he aquí entonces, mi primera y única serie de fotos-texto alguna vez expuesta.

Ruinas

Aún en pie, tras los días, tras los años,

recordando tiempos de gloria caigo lentamente.

y no es por el sol que aún me da vida,

no es por el óxido que lento avanza,

no es por mis nuevos habitantes.

Sólo eres tú, el que me ignora y olvida, el que me arruina.

Agosto 2, 2008

josé saramago – la caverna

Filed under: libros — Etiquetas: , , , , , , — Jorge López @ 12:55 am

La Caverna es la primera novela que José Saramago publica después de ganar el Premio Nobel de Literatura en 1998. Leer a Saramago puede ser una tarea compleja. Su narrativa con parrafos extensos en los que aparecen diálogos completos con un uso muy particular de los métodos de puntuación puede alejar inicialmente a quien se inicie en la tarea de leerlo, pero pronto llega el momento en que su método resulta paradójicamente lógico y fácil de seguir.

Incluso pasadas estas dificultades iniciales, la lectura de La Caverna puede ser frustrante: La historia en si es mínima (una familia de alfareros en un mundo que ya no quiere alfarería) y los acontecimientos ocurren en forma lenta y sin mayor sorpresa, no es dificil saber qué es lo que ocurrirá finalmente. Y es que para disfrutar la novela hay que entender que el argumento es más bien una buena excusa para realizar una meditación, o un “ensayo” sobre una serie de temas, partiendo por los generales de la novela: por un lado realizar un analisis respecto a la familia y el paso a la vejez, y por otro lado una crítica a nuestro consumista mundo actual, realizando un paralelo entre la vida moderna y el mito de la caverna de Platón.

Durante el desarrollo de estos temas principales, Saramago aprovecha la historia como una anécdota para hacer múltiples reflexiones. Reflexiones sobre la mente de los perros (incluyendo una memorable explicación de que explica la existencia del “perro de las lágrimas”, tanto aquí con en sus Ensayos sobre la Ceguera y la Lucidez), sobre la familia, sobre Dios o la ausencia de éste, sobre las palabras y sobre el lenguaje verbal y no verbal, así como sobre el mismo arte de escribir una novela.

Sobre este último punto, resulta notable cómo es que durante la narración nunca pretende engañarnos. Saramago sabe que sus personajes son ficticios y nos lo hace saber directamente. Es capaz de detener la acción para explayarse en un tema en especial y podemos imaginar sin dificultad a estos seres congelados de pronto como quien oprime el botón de pausa mientras él se pasea por el set imaginario en que se encuentran para hacer sus memorables meditaciones en su estilo ácido y a la vez ameno, incluso en ocasiones fráncamente hilarante, sin jamás caer en un sobreintelectualismo que arruinaría la narración.

Así, La Caverna, con su historia sencilla y su afectuoso acercamiento a personajes plenamente queribles es una gran novela de ideas, donde Saramago demuestra que pese a estar acercándose a los 80 años al momento de su publicación, es un cronista único de nuestro agitado mundo actual.

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