- ¿Qué ocurre ahora? -me preguntó de repente, y sabía exáctamente a qué se refería.
- ¿Ahora? Pregunta curiosa que me haces.
- No soy de preguntas obvias – dijo, y era evidente que esta vez no tendría un salida sencilla, así que dejé pasar unos segundos. La respuesta esperada era larga y compleja, probablemente sería capaz de darle un innecesario tono sentimental y terminaría siendo capaz de dejar espacio a la esperanza. Todo lo que no pretendía hacer.
- Me la pones difícil, sabes que soy malo con las palabras.
Seguimos caminando en silencio, mientras pensaba que era el momento adecuado para encender un cigarrillo y reforzar el paso hasta llegar a la banca de la plaza y quizás ahí intentar una respuesta. Intentar una respuesta que tendría que estar inventando en esos momentos. En cambio, sólo podía pensar que siempre hay algo que no resulta como lo esperamos, y así es como en este caso no fumo, no hay banca, no hay plaza, sólo calles y más calles en una tarde otoñal. Me asombro una y otra vez de mi cualidad para llegar a situaciones complejas en los momentos más inadecuados.
Fue entonces cuando el silencio a secas se transformó inexorablemente en un silencio incómodo que alguien tenía que romper.
- ¿Y entonces? -dijo con cierta impaciencia. Entonces un crack vino desde el suelo, y supe exáctamente qué es lo que debía decir.
- ¿Por qué no pisamos las hojas secas mejor? -le respondí. Ese eterno afán por ser niños una vez más realmente parecía ser la mejor opción en esos momentos. Después de todo, quién podría resistirse.
Y así fue como decidió pisarlas, pero en el sentido contrario al mío.
El material audiovisual da mayor predominio a la ejecución del ballet, y es con justa medida, pues la representación visual de la obra de Los Jaivas por parte del Banch es soberbia. Por supuesto, hay tomas a la banda, que ocupa la porción trasera del escenario, pero el elemento más atractivo resulta aquí el grupo de bailarines.






La Caverna es la primera novela que José Saramago publica después de ganar el Premio Nobel de Literatura en 1998. Leer a Saramago puede ser una tarea compleja. Su narrativa con parrafos extensos en los que aparecen diálogos completos con un uso muy particular de los métodos de puntuación puede alejar inicialmente a quien se inicie en la tarea de leerlo, pero pronto llega el momento en que su método resulta paradójicamente lógico y fácil de seguir.