¿Quién dijo que el cartón existe tan sólo para hacer cajas?
(Montaje de la XVI Bienal de Arquitectura de Santiago)
Fotos: Jorge López G., Cámara: Nikon D60
¿Quién dijo que el cartón existe tan sólo para hacer cajas?
(Montaje de la XVI Bienal de Arquitectura de Santiago)
Fotos: Jorge López G., Cámara: Nikon D60

El disco mítico. Todo fan de una agrupación siempre tiene la ilusión de que podría llegar a existir material inédito de ese período clásico e irrepetible, joyitas que por alguna razón no se han editado pero que son tan buenas o incluso mejores que las cosas que conocemos.
Fue en 1984 que CBS ofrece al grupo grabar un disco en argentina. Congreso, en esos momentos sin vocalista tras la salida deJoe Vasconcellos, pero con la adición de Jaime Atenas en saxo, comienza a trabajar en un nuevo trabajo mayormente instrumental. Algunas partes vocales serían asumidas por el flautista Hugo Pirovic, pero el fuerte del trabajo estaría en una densa malla instrumental. Los temas en general se caracterizarían por ser contrastantes, y con una fuerte influencia de jazz fusión.
A lo largo de todo Pájaros de Arcilla son el piano de Anibal Correa y el bajo de Ernesto Holman los instrumentos que más destacan, ambos dando sendas lecciones de musicalidad, con una entrega virtuosa, pero siempre acorde al sentido de la composición. Que este disco marque la despedida de Congreso para ambos hace pensar que quizás ellos mismos sabiendo esta situación se entregaron en un mil por ciento a dar sonido a las composiciones de Sergio González.
Es difícil destacar composiciones dentro de un trabajo que más bien pareciera ser un sólo gran tema de 35 minutos, pero aún así podríamos mencionar a Voladita Nortina, donde los vientos al unísono dan un trasfondo, denso al comienzo, más ligero hacia el final, sobre el que el piano y el bajo hacen maravillas; el homónimo Pájaros de Arcilla que musicaliza versos de Victor Sanhueza con una bella partida vocal tras la cual la banda se transforma en orfeón; Andén del Aire y sus solos de saxo delirantes; En la Ronda de un Vuelo, una lección de bajo fretless por parte de Ernesto Holman con un perfecto acompañamiento de piano; o Allá Abajo en la Calle con su estallido sonoro donde hace su quizás única aparición -pero como siempre tremendamente efectiva- la guitarra eléctrica.
Pájaros de Arcilla es un trabajo único, fundamental. Un disco que debe ser editado oficialmente, con una difusión adecuada tanto en Chile como en el exterior. Un trabajo que debe ser escuchado no sólo por minorías que de una u otra forma hemos llegado a conocerlo. Esto por honor a Congreso, y a la música chilena.
Pues bien, el libro en cuestión es La Contravida. Lo que partió como un relato particularmente atractivo y de buen ritmo, comenzó antes de la página 80 a diluirse en una serie de situaciones y encuentros entre los protagonistas (al menos los que parecían serlo en las primeras páginas) y sus raices familiares judías, a través de varios saltos en el tiempo y recuerdos de conversaciones pasadas. Roth usa en ocasiones estructuras atípicas en su narrativa que me parecen particularmente refrescantes y atractivas, pero el problema es que al menos en este caso de lo que quiere hablar no me remece ningún nervio.Tengo otro libro de Roth más por leer, El Profesor del Deseo, veremos cómo me va con ese, pero creo que sólo después de un período de descanso sin don Philip. Claro, luego de Sale el Espectro sentí que se trataba de una apuesta con la que siempre me iría a ganador.
Errar es humano, dicen. Y seguro que Roth también ha errado de cuando en vez. De todas formas La Contravida quedará en la biblioteca, esperando el momento adecuado.
Despierta y mira su reloj de pulsera sobre el velador. Se bendice por su despertar a la hora y maldice a su alarma que no sonó, y decide que esta vez no se quedará en la cama ni un segundo más y va directo a la ducha. Toma sus cosas, guarda el laptop y parte raudo a las escaleras, pero a último minuto cambia de parecer y toma el ascensor. Primer piso y puerta de salida. Mira el cielo, está oscuro y pareciera que va a llover. Sube al auto. El brillo del reloj en el panel le obliga a mirar. Lee los números de la pantalla led.
Mira por segunda vez su reloj de pulsera con algo de dificultad, en las mañanas le cuesta enfocar. 5.16. Intenta vanamente que ese 5 sea un 7, pero no, mierda, despertó dos horas antes. Piensa en volver a dormir, pero no, ya no tiene sueño y decide partir. ¿Partir a dónde?
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