Es algo tan íntimo, pudoroso, tan intensamente personal que es difícil hablar de ello, mas debo, y es que hay algo mío que aún está contigo. Es mi cepillo de dientes, ahora un extraño, un emisario incómodo en tierras enemigas. Se quedó ahí una noche, en un tácito acuerdo de compañía y compromiso. De pronto, o más bien de a poco, la compañía y el compromiso se desvanecen, y ahí quedaste, oh, cepillo, abandonado a tu suerte, compartiendo con otros como tú, pero con quienes mantienes tanta distancia como te lo permite aquel vaso que comparten con esa estrujada pasta de dientes.
¿Qué será de tí? ¿Estarás aún en tu última morada conocida, ese rincón junto al lavamanos? ¿Cuál será tu destino? ¿un muy probable basurero, un reciclaje a escobilla multiusos, pertenecer, oh no, a una inescrupulosa nueva boca, un espacio en un panteón de trofeos de guerra, o una dudosa e innecesaria llamada de devolución?
Oh, valiente cepillo, tú no lo sabes, pero en tu soledad eres algo único: el único testigo de que una vez hubo algo. Y así, de pronto, te conviertes así ya no en sólo un cepillo, sino que en otro indicador de nuestro fracaso. Lo bueno es que te compré en un pack de 3, y es así como hoy te digo adiós.
Tal vez, el cepillo cuida un espacio reservado exclusivamente para el dueño
Comentario por :) — julio 27, 2009 @ 3:36 pm
jajajjajaaja, vaya!!! me gustó ese pequeño homenaje al cepillo perdido o al cepillo en tierra enemiga… besos
Comentario por Ginebra — julio 30, 2009 @ 10:59 am
Como siempre muy bueno el micro-relato, Jorge!
Es fácil echar cuentas y ver que al protagonista le quedan 2 cepillos… ¡que ninguno vea tierras enemigas!
Comentario por Salva — agosto 3, 2009 @ 11:37 am