Jorge López.

septiembre 26, 2009

porcupine tree – the sky moves sideways

Archivado en: música — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 3:10 pm

The Sky Moves Sideways (1994) fue el trabajo que puso a Porcupine Tree dentro del mapa del rock progresivo de los años noventas. Alejado del llamado rock neoprogresivo de bandas como Pendragon o IQ, la de Porcupine Tree era una apuesta diferente, y la más clara (si bien quizás no la principal) influencia venía de la mano de Pink Floyd.

Más aún, el track homónimo está dividido en dos partes, a su vez subdivididas y abren y cierran el disco a la manera en que Shine on You Crazy Diamond ya lo había hecho 20 años antes. Aún más, la guitarra de Steven Wilson por momentos recuerda bastante el estilo de David Gilmour, el trabajo lírico puede ser tan depresivo como el de Roger Waters y en la música también se incluye sampleos de voces.

Sin embargo, existen notables diferencias. Si bien la primera parte de The Sky.. contiene un Floydiano comienzo, la sección central incluye una brillante e hipnótica mezcla de rock y electrónica, y ciertamente la base musical de PT dista del blues de Pink Floyd.

Se trata de música creada por nuevas generaciones y dirigida a oídos abiertos a nuevos sonidos. Dislocated Day, construida en base a un sampleo de Aida de Miles Davis, contiene un sentido de urgencia que la hace parecer más breve de lo que es. The Moon Touches your Shoulder es en tanto el tema más Floydiano, con una partida con rasgueos acústicos y un final intenso, contundente.

Para el cierre la segunda sección del track homónimo, un extenso instrumental, más atmosférico que la primera, incluyendo relajadas vocalizaciones de Suzanne Barbieri para acrecentar el sentido Floydiano, pero también un disonante solo de guitarra en que Wilson muestra su gusto por King Crimson.

Si bien la música continúa siendo compuesta por completo por Steven Wilson, por primera vez la música es grabada por la que sería la formación de Porcupine Tree por los próximos cuatro discos: Chris Maitland en batería, Colin Edwin en bajo, y Richard Barbieri en teclados. Esto brinda nuevas cualidades al sonido del grupo, destacando especialmente el textural trabajo de Barbieri y la destreza rítmica de Maitland.

La edición inglesa del disco sin embargo, cometió un gran error. Dos composiciones quedaron fuera y fueron editadas como en el EP Moonloop. Si bien la edición americana ya había resuelto la omisión, la reedición de 2004 en formato de disco doble deja en claro la importancia de estos temas, incluyendo la versión completa de Moonloop, la primera composición grupal de la banda, consistente en una extensa y atmosférica improvisación seguida de una demoledora coda, y de Starsdie, probablemente la mejor canción de ese período de la banda, de base acústica, sencilla y delicada. Se incluye además una versión alternativa de The Sky Moves Sideways, esta vez como un único track de 35 minutos, aún sin las líricas definitivas y aún buscando el mejor arreglo, pero sin radicales diferencias respecto a la versión final.

Probablemente el mayor pecado de este álbum sea ser el trabajo más derivativo de la carrera de Porcupine Tree. Pese a ello, es un disco potente, y que continúa mostrando que aún se podía esperar mucho de este ahora cuarteto.

septiembre 23, 2009

porcupine tree – up the downstair

Archivado en: música — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 8:30 pm
En muchos aspectos, Up the Downstair (1993) puede categorizarse como el inicio de la historia de Porcupine Tree. Es el primer trabajo creado especificamente como un álbum, y también el primero en que participan, si bien sucintamente, los futuros miembros oficiales, Colin Edwin y Richard Barbieri. Aún así, se trata aún básicamente un proyecto en solitario,
Sin lugar a dudas Up the Downstair es uno de mis discos favoritos del catálogo puercoespín. Aquí ya florece el estilo único de Porcupine Tree de hacer rock progresivo, mirando hacia adelante en vez de regresando al pasado. Es así como por ejemplo el track homónimo al mismo tiempo hace una reverencia a Popol Vuh y se influencia de la electrónica con un bajo y percusión pulsantes, mientras la distante voz de Susan Barbieri y los estallidos de la guitarra de Wilson logran que el interés en este extenso tema nunca se agote, hasta llegar al intenso clímax final.
Como pocas veces Porcupine Tree balancea las composiciones cantadas y las instrumentales, y la voz de Wilson comienza a sonar más segura de si misma en temas como Synesthesia o el potente Always Never, que incluye una intensa sección instrumental.
La segunda parte del disco puede considerarse una extensa composición, con sus temas fluyendo uno en el otro. La partida la da Not Beautiful Anymore, un enérgico y breve tema incluyendo los sampleos de una mujer haciendo confesiones a modo de líricas, que se continúa tras un breve interludio instrumental con Small Fish, un tema vocal con delicados punteos de guitarra y un apasionado solo de guitarra que a su vez desemboca en Burning Sky, una bestia musical de 11 minutos donde se conjugan momentos atmosféricos así como las influencias del krautrock de guitarras reiterativas de Ash Ra Tempel, fundiéndose con un sentido épico con desarrollo de  in crescendos para quitar el aliento, para terminar suavemente en Fadeaway, una balada llena de emoción que siempre me ha recordado el modo en que Wind & Wuthering de Genesis cerraba con Afterglow.
En 2005 Up the Downstair fue reeditado y para ello se decidió incluir el EP Staircase Infinities de 1994 en un segundo disco. Dicho EP incluye material adicional, considerado inicialmente para una edición doble de Up the Downstair, junto con algunos temas compuestos inmediatamente después. Se trata de un trabajo que explora con mayor detalle la veta ambient de Wilson, con trabajos en su mayoría atmosféricos, interesantes sin ser particularmente destacables y que por momentos, como en Rainy Taxi, recuerdan a Pink Floyd de A Saucerful of Secrets. Así, es absolutamente comprensible su exclusión del trabajo mayor, pero por si solos logran funcionar como un todo, convirtiendose en un atractivo anexo. De los 5 temas destaca el más extenso, Yellow Hedgerow Dreamscape, con un bajo inquietante y que progresivamente toma mayor velocidad a medida que Wilson hace de las suyas con la guitarra.
Más importante aún, la reedición solucionó el mayor problema del álbum: la percusión electrónica creada por Wilson, reemplazándola por la diestra batería de Gavin Harrison. La remezcla del álbum además lo dejó en igualdad de condiciones con la pulcra producción de los siguientes trabajos del grupo.
Up the Downstair es en resumidas cuentas un trabajo redondo, donde cada pieza calza perfectamente en su lugar, y que muestra con claridad la visión de PT como un proyecto que desafía las clasificaciones en pos de un estilo único.

En muchos aspectos, Up the Downstair (1993) puede categorizarse como el inicio de la historia de Porcupine Tree. Es el primer trabajo creado especificamente como un álbum, y también el primero en que participan, si bien sucintamente, los futuros miembros oficiales, Colin Edwin (bajo) y Richard Barbieri (teclados). Aún así, se trata aún básicamente un proyecto en solitario de Steven Wilson.

Sin lugar a dudas Up the Downstair es uno de mis discos favoritos del catálogo puercoespín. Aquí ya florece el estilo único de Porcupine Tree de hacer rock progresivo, mirando hacia adelante en vez de regresando al pasado. Es así como por ejemplo el track homónimo al mismo tiempo hace una reverencia a Popol Vuh y se influencia de la electrónica con un bajo y percusión pulsantes, mientras la distante voz de Susan Barbieri y los estallidos de la guitarra de Wilson logran que el interés en este extenso tema nunca se agote, hasta llegar al intenso clímax final.

Como pocas veces Porcupine Tree balancea las composiciones cantadas y las instrumentales, y la voz de Wilson comienza a sonar más segura de si misma en temas como Synesthesia o el potente Always Never, que incluye una intensa sección instrumental.

La segunda parte del disco puede considerarse una sola extensa composición, con sus temas fluyendo uno en el otro. La partida la da Not Beautiful Anymore, un enérgico y breve tema incluyendo los sampleos de una mujer haciendo confesiones a modo de líricas, que se continúa tras un breve interludio instrumental con Small Fish, un tema vocal con delicados punteos de guitarra y un apasionado solo de guitarra que a su vez desemboca en Burning Sky, una bestia musical de 11 minutos donde se conjugan momentos atmosféricos así como las influencias del krautrock de guitarras reiterativas de Ash Ra Tempel, fundiéndose con un sentido épico con desarrollo de  in crescendos para quitar el aliento, para terminar suavemente en Fadeaway, una balada llena de emoción que siempre me ha recordado el modo en que Wind & Wuthering de Genesis cerraba con Afterglow.

En 2005 Up the Downstair fue reeditado y para ello se decidió incluir el EP Staircase Infinities de 1994 en un segundo disco. Dicho EP incluye material adicional, considerado inicialmente para una edición doble de Up the Downstair, junto con algunos temas compuestos inmediatamente después. Se trata de un trabajo que explora con mayor detalle la veta ambient de Wilson, con trabajos en su mayoría atmosféricos, interesantes sin ser particularmente destacables y que por momentos, como en Rainy Taxi, recuerdan a Pink Floyd de A Saucerful of Secrets. Así, es absolutamente comprensible su exclusión del trabajo mayor, pero por si solos logran funcionar como un todo, convirtiendose en un atractivo anexo. De los 5 temas destaca el más extenso, Yellow Hedgerow Dreamscape, con un bajo inquietante y que progresivamente toma mayor velocidad a medida que Wilson hace de las suyas con la guitarra.

Más importante aún, la reedición solucionó el mayor problema del álbum: la percusión electrónica creada por Wilson, reemplazándola por la diestra batería de Gavin Harrison. La remezcla del álbum además lo dejó en igualdad de condiciones con la pulcra producción de los siguientes trabajos del grupo.

Up the Downstair es en resumidas cuentas un trabajo redondo, donde cada pieza calza perfectamente en su lugar, y que muestra con claridad la visión de PT como un proyecto que desafía las clasificaciones en pos de un estilo único.

septiembre 20, 2009

porcupine tree – on the sunday of life

Archivado en: música — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 2:09 pm

En prácticamente todos los artículos, entrevistas y comentarios de la prensa especializada se ha comentado cómo es que Porcupine Tree partió como un juego de Steven Wilson, creando una supuesta banda legendaria de los 70s para etiquetar un proyecto solista donde dar cabida a las tendencias autoindulgentes que no tenían espacio en su proyecto principal, No-Man. De lo que pocos hablan es de la música en si.

On the Sunday of Life es un trabajo en muchos aspectos atípico dentro del catálogo puercoespín: extremadamente heterogéneo, viaja sin dificultad desde el ambient al pop psicodélico, pasándo claro está también por el rock progresivo.

En su edición original en vinilo fue un disco doble, con más de 75 minutos de música, con 18 temas en total de duración y calidad variable, con toda la ejecución del material a cargo de Wilson. Siendo más bien un compilado del material que venía componiendo y editando en partidas limitadas, es imposible pedirle a On the Sunday of Life un sentido de unidad, ni menos que mantenga constantemente un nivel de calidad constante. Claro, tracks como Third Eye Surfer, Queen Quotes Crowley o No Luck with Rabbits son (afortunadamente) breves ejercicios de autoindulgencia que realmente no tienen mucho que ofrecer al auditor y muy posiblemente tampoco le tomaron mayor tiempo a Wilson en ser compuestas.

La indulgencia sin embargo muchas veces brinda también los mejores momentos al álbum. The Nostalgia Factory, el primero de los temas extendidos, pone por primera vez a PT en el espectro progresivo, con un tema enérgico y donde abundan los solos de teclados y de una delirante guitarra, convirtiéndolo en uno de los mejores temas del álbum, si descontamos el trabajo vocal. Éste es uno de los principales puntos más negativos de On the Sunday..: Wilson filtra su voz, aún no suficientemente pulida, generando efectos que en ocasiones lindan en el franco ridículo (como en la psicodélica Linton Samuel Dawson).

Este sentido de cierta forma artesanal no pasa sólo por las voces. Siendo un trabajo en solitario, Wilson se encargó también de la batería (electrónica) y de teclados y bajo, y queda manifiesto aquí el importante rol de los músicos que en el futuro transformarían a este proyecto en una banda propiamente tal.

El mejor tema del álbum, y uno de los únicos que ha sobrevivido en las presentaciones en vivo de la banda, es Radioactive Toy. Se trata de un tema extenso y que logra conjugar los mejores aspectos de esa época: un registro vocal sin efectos, distante, casi frío para hacer juego con la letra, lentos y dramáticos solos de guitarra, amplio espacio para secciones atmosféricas, y ante todo, un gran sentido de cohesión.

Tampoco se trata de que sólo destaquen los temas más progresivos. Existen composiciones breves que resultan particularmente atractivas. Nine Cats es un tema sin mayores pretensiones pero que en su sencillez resulta cautivante, y sería retomado en versión acústica años más adelante. Space Transmission en tanto es particularmente inquietante, con una temática sci-fi/teológica, y Footprints da los primeros signos del gusto de Wilson por el contraste entre coros y versos.

And The Swallows Dance Above the Sun es otra de las grandes composiciones del álbum, y el mejor de los temas breves, y de hecho ha sido reconocido por Steven Wilson como uno de sus temas favoritos del período. Es un trabajo atípico, con percusiones que recuerdan el Drum n’ Bass y un registro vocal casi hablado, con un trabajo lírico que es por lejos el mejor dentro del disco.

Uno de los aspectos más interesantes de este trabajo es su capacidad de mostrar la amplitud estilística de Wilson, que con los años iría depurando, pero que nunca ha abandonado. Trazos del pop psicodelico de Jupiter Island y This Long Silence están en Piano Lessons, de Stupid Dream, y en una transformación metálica, también en The Creator has a Mastertape, de In Absentia, mientras que el ambient de Music for the Head y de It Will Rain for a Thousand Years sería retomado especialmente en Signify.

Ahora bien, ¿todo lo anterior hace a On the Sunday of Life un trabajo para escuchar reiteradamente? Al menos en lo personal la respuesta es no. Del catálogo puercoespín, es por lejos el disco que menos escucho, y el único probablemente en que me salto la mitad de los temas. Pero de vez en cuando es recomendable volver a ese lugar donde todo comenzó.


agosto 9, 2009

la desooorden – la isla de los muertos

La Isla de Los Muertos es el tercer trabajo en estudio de La Desooorden, banda valdiviana con una trayectoria de más de 10 años. Se trata de un disco conceptual que musicaliza un hecho histórico ocurrido a comienzos del siglo XX, cuando un grupo de 200 hombres contratados para la explotación del delta del río Baker murieron en extrañas circunstancias que se han transformado en leyenda. Es destacable, especialmente considerando la naturaleza independiente de la banda, la cuidada edición del disco en formato digipack, incluyendo además una pista multimedia (lamentablemente no compatible con Windows Vista, por lo que no pudo ser revisada).

Los temas que componen este disco se alejan completamente del formato canción, con estructuras complejas y cambios de ritmo frecuentes, pero a través de la sutil reiteración de motivos musicales se mantiene la cohesión del trabajo. La partida la da Transformación del Mito, en que piano y violín acompañan al teatral trabajo vocal que nos introduce al oscuro concepto del disco. El elemento vocal es justamente uno de los elementos más destacados dentro del disco. La mayor parte del tiempo las voces son más proclamativas o teatrales que cantadas, y los dos vocalistas muchas veces lo hacen al unísono, resultando particularmente efectivo y efectivo.

Reflexión, el tema más extenso del disco, alterna sonidos tribales y jazzeros, con notables cambios estilísticos y una coda particularmente dramática. El trabajo percusivo por momentos puede recordar al King Crimson de Islands, y ciertamente el trabajo del saxo también puede evocar a ese período de Crimso, pero más bien por lo poco habitual que es escucharlo en forma dominante dentro del contexto del rock. El bajo también resulta notable y muy predominante, lo de cierta forma incrementa el tono tribal que por momentos alcanza la música.

Festejo como lo dice su titulo es un tema musicalmente rítmico, jazzero, con un saxo predominante recordando a Morphine. Penumbra sigue el aire jazzero, siendo un tema eminentemente vocal que recuerda a Congreso tanto en lo musical como lo vocal. Traición sigue sin pausa, con un súbito de cambio de intensidad, pasando al plano protagónico por primera vez el sonido más agresivo de la guitarra. Envenenamiento cierra esta sección y resulta ser un buen ejemplo del sonido de la banda, con secciones dominadas ya sea por los riffs de guitarra, por el bajo, o por el saxo, asociado al canto al unísono o alternante de los vocalistas.

Caleta tortel es un atractivo interludio instrumental donde destacan notablemente la tabla y el violín. La instrumentación eminentemente acústica vuelve a recordar ciertos momentos de Congreso, pasando desde momentos que evocan misterio a otros de gran belleza. En tanto, en Resurexión retorna el estilo vocal proclamativo y teatral de Reflexión, ayudando a la cohesividad del trabajo. La sección vocal final a dos voces resulta notable al retomar parte de la melodía de la primera sección pero dándole una emotividad previamente ausente.

Recuerdo es uno de los temas más interesantes del disco, con una primera sección con aires jazzeros que vuelve a traer al primer plano el trabajo de la guitarra solista alternándose con el saxo, mientras que a través de cambios de ritmo bastante repentinos sorprende con una segunda sección que destaca por su emotividad y belleza. Bajo Pisagua es el segundo interludio instrumental. De gran belleza, nuevamente destaca el brillante trabajo del violín sobre las percusiones y guitarra acústica.

Para el cierre, Esperanza, que con un ritmo marchante y con un cierto aire de resignación, cierra de manera notable el viaje a La Isla de los Muertos:

“cuesta encontrar las huellas
que se perdieron en los galpones
abrazada por las llamas,
será la selva que ha crecido
con sus formas sus fantasmas
pero algo de lo de antes permanece”

En suma, un trabajo musicalmente impresionante, y con una profundidad lírica conmovedora. Absolutamente recomendable.

Video de Envenenamiento (En los ojos de la muerte):

Más información en www.desooorden.cl

(Publicado originalmente en rock-progresivo.org)

junio 28, 2009

de moscas y autopistas

Archivado en: música, personal — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 10:03 pm
“There’s something solid forming in the air,
the wall of death is lowered in Times Square.
No-one seems to care,
they carry on as if nothing was there.
The wind is blowing harder now,
blowing dust into my eyes.
The dust settles in my skin,
making a crust I cannot move in
and I’m hovering like a fly, waiting for the windshield on the freeway…”
Fly on a Windshield, Genesis (1974)
Dentro de la compleja, oscura y muchas veces confusa narrativa del clásico disco The Lamb Lies Down on Broadway de Genesis, abundan los momentos de excelencia. Sin embargo, existe uno en particular en que el trabajo lírico de Peter Gabriel se conjuga con verdadera maestría con la música creada por la banda. Es Fly on a Windshield, un breve tema que siendo por un lado pivotal en el desarrollo del concepto del disco, es especialmente una dura reflexión respecto al ver venir un golpe.

Quién no ha sentido esa extraña sensación de saber que algo se viene, que un impacto es lo más seguro, pero que no hay forma de prepararse. Sentir la angustia crecer al ver venir la crisis sin poder hacer nada para prevenirla más que quedarse congelado esperando su llegada. Como Gabriel diría en su inusual estilo, como una mosca esperando por un parabrisas en la autopista.

Es algo que merece ser oído. Puede resultar curioso, pero el elemento fundamental, el verdadero toque de maestría es esa fracción de segundo de silencio desde que Peter Gabriel canta esa tan descriptiva última frase hasta que la banda estalla en un instrumental al mismo tiempo dramático y atmosférico. La perfecta definición del sentimiento de indefensión que te puede llegar a envolver, y que puedes llegar a hacer durar tanto tiempo sólo por temor a enfrentar la realidad, a asumir que nuevamente tienes el vacío frente a tí, ese infinito vacío.

noviembre 17, 2008

Turn it on again: reedición del catálogo de Genesis

Archivado en: música — Etiquetas: , , , , , , , — Jorge López @ 11:56 pm

Genesis es, curiosamente y pese a sus millones de discos vendidos, una de aquellas bandas que pasan particularmente desapercibidas en los recuentos históricos del rock. Nunca favoritos de la crítica, ya sea por sus excéntricos primeros álbumes que los colocaron en la cúspide de la vanguardia progresiva de los años setentas, o por sus últimos trabajos peyorativamente calificados como música pop, se ha tratado históricamente de una banda poco comprendida.

Aún así, Genesis cuenta con una sólida base de fanáticos, cómo lo demostró su exitosa gira por Europa y Norteamérica que figuró entre las más exitosas de 2007 y que reunió a Tony Banks, Mike Rutherford y Phil Collins, la formación que se mantuvo por más años y que produjo más trabajos, pero no necesariamente la más anhelada por los fans más acérrimos, que siguen soñando con una reunión con Peter Gabriel y Steve Hackett.

Entretanto, la última década de Genesis, silenciosa en cuanto a producción de material original, ha sido particularmente rica en publicación de material de archivo. Ahí están los box sets Archive 1967-75 y 1976-92, que reunieron material en vivo, caras B y tomas previamente inéditas. También la edición en DVD de las giras de Invisible Touch (Live at Wembley Stadium) y We Can’t Dance (The Way We Walk), la aparición de compilados cubriendo la historia completa de la banda, uno conteniendo los “hits” junto a una regrabación de The Carpet Crawlers, otro, The Video Show, conteniendo los videoclips, y un tercero The Platinum Collection, en una edición triple conteniendo “lo mejor”, brindando una mirada más amplia a lo que fue la carrera de Genesis, con mayor énfasis en material que no necesariamente fue single, pero que si es atesorado por los fans.

Sumemos luego las ediciones en relación a su gira de reunión, el disco doble Live Over Europe y el DVD When in Rome, y el libro autobiográfico Chapter and Verse y tenemos como resultado una considerable cantidad de material. Ello sin considerar que el fan acérrimo estará interesado en obtener también las recientes reediciones remasterizadas del catálogo de Peter Gabriel, Steve Hackett y Anthony Phillips.

Lo anterior sin embargo se reduce a una pequeñez cuando enfrentamos el proyecto más ambicioso relacionado al catálogo genesiano, el que quizás es el trabajo de reedición más grande llevado a cabo por banda alguna respecto a su catálogo: Entre 2007 y 2008 se editaron en forma de tres box sets la discografía completa del grupo (descontando al primer disco, From Genesis to Revelation), en formato SACD/CD + DVD. En un esfuerzo inédito, el proyecto no se limitó a nuevas remasterizaciones del material, sino que a una completa remezcla en versiones estéreo y 5.1 de cada álbum, manteniendo el espíritu, pero limpiando el sonido, brindando una claridad sonora ausente especialmente en los primeros trabajos, grabados en años de presupuestos escasos, limitaciones técnicas y escaso tiempo para las grabaciones. Tamaño trabajo fue llevado a cabo por el ingeniero en sonido Nick Davis, con apoyo directo de Tony Banks y la aprobación de todos los miembros y ex miembros de la banda.

Es difícil destacar trabajos, pero discos como Nursery Cryme, And Then There Were Three, o Genesis se ven notoriamente beneficiados. Punto aparte es The Lamb Lies Down on Broadway, cuyo resultado es sencillamente sobrecogedor, con un sonido que quita el aliento, y la presentación en forma sincronizada con la música de las diapositivas originales de la gira de 1974, junto a imágenes y video de archivo.

Cada trabajo ha sido además acompañado de abundantes entrevistas a los músicos involucrados, brindando luces sobre el proceso compositivo, las relaciones internas de los músicos y la valoración que hacen de la su obra. También se incluye abundante material de video de archivo, tanto en actuaciones en vivo, como documentales y videoclips, la gran mayoría previamente disponible sólo en bootlegs.

Mientras cada disco puede ser adquirido por separado, cada una de las tres cajas cuenta además con un disco de material extra incluyendo caras b del período así como material previamente inédito, junto a un librillo con interesantes textos y fotografías. En el caso de la caja del período 1970-1975, la guinda de la torta es una suite de cuatro temas inéditos de 1970 compuestos como banda sonora para un abortado documental. La caja 1976-1982, en tanto incluye todas las caras B, incluyendo dos que habían sido excluídas del segundo Archive. Tan sólo el disco bono de la caja 1983-1998 resulta algo mezquina, excluyendo parte de las caras B de Calling All Stations, el último disco de Genesis, con el vocalista Ray Wilson.

El resultado final es ciertamente elogiable. Lo que pudo ser tan sólo una reedición más se transforma en una labor de amor hacia un catálogo que invita a ser redescubierto.

noviembre 11, 2008

roger eno – flood

Archivado en: música — Etiquetas: , , — Jorge López @ 6:46 pm

Nunca he sido particularmente entusiasta respecto a la llamada “música de relajación” o “new age”, contenidos hechos para ser música de fondo. En lo personal el valor de la música radica en que no sea tan sólo música de fondo, sino que sea capaz de mostrar de generar una respuesta emocional diversa dentro de una propuesta original. Por lo general en cambio, me había encontrado con trabajos emocionalmente áridos y que parecían salidos de una fábrica en vez de un artista.
Dicho lo anterior, me he sorprendido escuchando Flood de Roger Eno, donde el músico muestra los resultados de un experimento realizado para ser banda sonora de una exposición. El proyecto consistía en la generación de una música no intrusiva pero permanentemente cambiante a partir de sonidos previamente grabados. Para ello Eno generó 20 eventos sonoros, tales como acordes de piano, campanas, voces, espacios de silencio, canto de pájaros, etc. y los alternó aleatoriamente. El exitoso resultado de generar música gobernada por el azar llevó a plasmarlo también en un CD, y así, Flood es una única pista de 75 minutos de sonidos que a veces se agrupan, otras veces aparecen en solitario, mientras que en otras simplemente queda el silencio. Nunca deja de sorprender este flujo sonoro, siendo tal y como era la idea inicial, un perfecto telón de fondo y no un punto focal. 
Así, Flood se ha transformado en un disco ideal para acompañarme en actividades diarias como leer o escribir, así como también para llevarme al sueño, con su secuencia impredecible de sonidos. Absolutamente recomendable.
Roger Eno
Burning Shed (tienda online)

octubre 19, 2008

congreso – pájaros de arcilla

Archivado en: música — Etiquetas: , , , , , — Jorge López @ 1:31 pm

El disco mítico. Todo fan de una agrupación siempre tiene la ilusión de que podría llegar a existir material inédito de ese período clásico e irrepetible, joyitas que por alguna razón no se han editado pero que son tan buenas o incluso mejores que las cosas que conocemos. 

En el caso de Congreso las cosas dan un paso adelante, con la existencia de un disco completo que sólo pudo ser editado en Argentina y nunca en Chile, donde fue considerado muy poco comercial para su publicación. No sólo eso, sino que se trata de material que no sólo los fans que lo han escuchado alaban en forma generalizada, sino que el mismo Sergio ‘Tilo’ Gonzálezha calificado como dentro de lo mejor de la carrera del grupo. 

Fue en 1984 que CBS ofrece al grupo grabar un disco en argentina. Congreso, en esos momentos sin vocalista tras la salida deJoe Vasconcellos, pero con la adición de Jaime Atenas en saxo, comienza a trabajar en un nuevo trabajo mayormente instrumental. Algunas partes vocales serían asumidas por el flautista Hugo Pirovic, pero el fuerte del trabajo estaría en una densa malla instrumental. Los temas en general se caracterizarían por ser contrastantes, y con una fuerte influencia de jazz fusión. 

A lo largo de todo Pájaros de Arcilla son el piano de Anibal Correa y el bajo de Ernesto Holman los instrumentos que más destacan, ambos dando sendas lecciones de musicalidad, con una entrega virtuosa, pero siempre acorde al sentido de la composición. Que este disco marque la despedida de Congreso para ambos hace pensar que quizás ellos mismos sabiendo esta situación se entregaron en un mil por ciento a dar sonido a las composiciones de Sergio González.

Es difícil destacar composiciones dentro de un trabajo que más bien pareciera ser un sólo gran tema de 35 minutos, pero aún así podríamos mencionar a Voladita Nortina, donde los vientos al unísono dan un trasfondo, denso al comienzo, más ligero hacia el final, sobre el que el piano y el bajo hacen maravillas; el homónimo Pájaros de Arcilla que musicaliza versos de Victor Sanhueza con una bella partida vocal tras la cual la banda se transforma en orfeón; Andén del Aire y sus solos de saxo delirantes; En la Ronda de un Vuelo, una lección de bajo fretless por parte de Ernesto Holman con un perfecto acompañamiento de piano; o Allá Abajo en la Calle con su estallido sonoro donde hace su quizás única aparición -pero como siempre tremendamente efectiva- la guitarra eléctrica.

Pájaros de Arcilla es un trabajo único, fundamental. Un disco que debe ser editado oficialmente, con una difusión adecuada tanto en Chile como en el exterior. Un trabajo que debe ser escuchado no sólo por minorías que de una u otra forma hemos llegado a conocerlo. Esto por honor a Congreso, y a la música chilena.

 

Pájaros de Arcilla en vivo:

 

septiembre 29, 2008

figurando en los medios

Archivado en: fotografía, música — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 12:25 am

La fotografía es algo que sencillamente me apasiona. Es así como la fotografía de bandas en vivo es algo que he realizado y que me ha traído bastantes satisfacciones, y con lo que siento que he aportado en la difusión de bandas de un circuito que ciertamente es difícil que logre masividad, publicando notas y galerías en rock-progresivo.org.

Con Astralis, banda dirigida por Patricio Vera-Pinto, he logrado un trabajo de bastante calidad y que me enorgullece que ocupen para su promoción. Es así que figuraciones de la banda en dos de los medios más masivos de Chile han sido acompañadas de fotografías realizadas por mí.

Ver tu nombre en los créditos de una fotografía da un gusto especial. Es decir éste es mi trabajo, esto es lo que hago. Y lo que hago lo hago bastante bien. Una gran motivación para seguir dedicándole mi tiempo a la fotografía.

Astralis en Emol

Astralis en La Tercera:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Galerías de fotos:
Astralis en Centro Cultural de España


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Astralis en Teatro Municipal de Ñuñoa

septiembre 6, 2008

no-man – schoolyard ghosts

Archivado en: música — Etiquetas: , , , , , , — Jorge López @ 5:04 pm

Tras cuatro años de silencio, en los que Steven Wilson ha capitalizado su intenso trabajo de ya dos décadas con Porcupine Tree, junto a su proyecto Blackfield, y en que Tim Bowness editó su primer trabajo solista, junto a otras colaboraciones, vuelve No-Man, dúo que disco tras disco ha desafiado las categorizaciones estilísticas, empujando los límites de la música pop.

Schoolyard Ghosts recoge lo mejor de múltiples fases anteriores del dúo. Donde Returning Jesus y Together We’re Stranger eran trabajos donde los arreglos se mantenían contenidos y en un mínimo necesario, especialmente en este último, Schooyard Ghosts presenta una instrumentación prolija que lo emparenta con Flowermouth, pero con el sentido más orgánico del no-man actual. Por otro lado, vuelve el sentido narrativo entrecortado que pobló Wild Opera, lo que obliga al auditor a llenar los espacios vacíos en las historias de Bowness.  All Sweet Things da la partida y marca el ritmo que seguirán las cosas durante el disco, con un trabajo lírico incluso optimista o feliz -al menos para los cánones de no-man-, y un aire melancólico y contemplativo en una composición sin percusiones y guiada por los rasgueos acústicos y el piano, con un notorio mellotron acompañando al registro de Bowness. Un ambiente similar es el que sigue en All the Beautiful Songs You Should Know, una composición pop muy efectiva, con una base acústica embellecida con arreglos de cuerdas y guitarra electrica. Pigeon Drummer pareciera seguir ese aire, sólo para ser remecido por estallidos de percusión, guitarras y mellotron al estilo de Darkness de Peter Gabriel, o incluso Clocks de Steve Hackett. Se trata de un vínculo directo a los tiempos de Wild Opera, y donde previamente una composición similar había quedado fuera de Returning Jesus por no calzar con el resto del material (como fue el caso de Darkroom), aqui el dúo decide optar por la variedad. Y claro, puede descolocar que en esta ocasión No-Man no entregue un trabajo tan cohesivo como los anteriores, pero es el valor de cada composición el que brilla en Schoolyard Ghosts.Pieza pivotal es Truenorth, extensa y cinemática composición que muestra todo un viaje emocional, desde la desolación y confusión tras una ruptura amososa hasta el punto en que el corazón logra sanar y estar dispuesto a comenzar de nuevo. Bowness logra emocionar con su soberbio trabajo lírico que de cierta forma cierra el capítulo de Together We’re Stranger.

the days felt cold and never changing,
so you just slept the whole way through.
when you think about the future,
it’s like the past, but hard and small.
..
you survived yourself.
you survived inside the lost world.
the ghosts of harm retreat.
..
sweet surrender to the night.
sweet surrender to the light.
the dreams of love repeat.

Wherever There is Light y Song of the Surf siguen, dos temas musicalmente en situaciones opuestas. Donde el primero presenta un prominente mellotron y un ambiente ensoñador, el segundo es una composición más áspera y cruda para los parámetros de No-Man. Sin embargo, líricamente parecieran estar emparentadas, por un lado la narración de Jane, una mujer que se enamora y desenamora con facilidad, y por el otro la de quien ha sido abandonado, haciendo una dupleta particularmente interesante.

Streaming es de cierta forma anticlimática, una composición ligera y acompañada de percusiones electrónicas que recuerdan a épocas pasadas del dúo, pero se convierte en el momento más débil de un trabajo hasta ahora intachable.

Para el final, Mixtaped, con No-Man como nunca acercándose al Talk Talk tardío, desprovisto de toda la prolijidad de arreglos del resto del disco, con la guitarra de Steven Wilson y las percusiones de Gavin Harrison brindando un ambiente sonoro oscuro y desolador, hecho para ser eschado a luces apagadas, acompañando a otra de las memorables líricas de Bowness:

You’d kill for that feeling again,

afloat in the ocean, before the pain.

Así, definitivamente No-Man no defrauda, entregándonos un gran trabajo lleno de detalles a descubrir en cada escucha, demostrando que la chispa creativa del dúo sigue existiendo. Esperemos que no tengan que pasar otros cuatro años para saber con qué nos sorprenderan en esa ocasión.

no-man – wherever there is light
no-man – truenorth (parte 2)
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