Jorge López.

noviembre 26, 2010

la casa

Archivado en: personal, relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 6:23 pm

Viví en esta casa desde los 5 años. 23 años de mi vida, fueron íntegramente pasados en esta casa de los suburbios floridanos en la que ahora puedes sentir el eco en las habitaciones vacías. Vacía la casa se siente inhóspita, fría. Vacía no es mi casa. Tampoco será la casa de nadie. Su fino diseño arquitectónico será pronto parte del pasado cuando sea demolida para construirse en su lugar desabrido edificio corporativo de 3 pisos.

Sin los muebles, sin los cuadros, se puede ver cómo la pintura está manchada, sucia. Hay telarañas tras la biblioteca, marcas de manos cerca de los interruptores. Siento vergüenza de pensar que pude vivir rodeado de esos muros. Los gatos, nerviosos, no encuentran la cama donde echarse, no encuentran a sus dueños, no encuentran las sillas del comedor donde siempre creían estar escondidos. Encuentran una caja aún sin sellar y por unos momentos hallan algo de confort ahí.

Tiempo atrás, cinco meses, cuando comienzan las gestiones de venta. Camino un día de noche por la casa oscura, prendiendo y apagando luces a medida que paso por los lugares, y recuerdo. Recuerdo el miedo que sentía cada vez que cruzaba ese hall vidriado que me llevaba a la cocina. Recuerdo el árbol de navidad cada año instalado en medio de las plantas del jardín interior. Recuerdo mi primera fiesta de cumpleaños en ¿quinto, sexto? básico, los niños en un lado, las niñas en otro, nerviosos porque teníamos que sacarlas a bailar, pero el más nervioso era yo, pues era el que tenía que ser el primero en partir. Recuerdo los almuerzos familiares con mis abuelos, en que siempre terminábamos animadamente hablando cosas sin sentido por el mero afán de hacerlo, y a mi abuela sin entender el gusto familiar por semejante técnica de conversación.

Recuerdo la hamaca entre el nogal y el limonero, mirando la gran jaula de pájaros, mientras por el suelo corrían los cobayos. Recuerdo la eterna promesa infantil de una gran piscina en el patio al que dan los dormitorios. Recuerdo la noche en que con mi hermano decidimos irnos a acampar al patio sin avisar a mamá, y tamaña conmoción que generamos.

Y lloré, sintiendo la amargura de tener que dejar atrás lo que es tuyo, de que todo se transforme tan sólo en recuerdos.

Vuelta al presente. Esta casa es tan sólo una caja vacía. Una hermosa caja vacía, una caja llena de recovecos. Y así como está es una caja que ahora sólo asocio a un último par de años tristes que espero dejar atrás.

Mayo, 2008

noviembre 25, 2010

la plaza

Archivado en: personal, relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 1:28 am

Manejo a casa por el camino regular. Ya pasó medianoche y el movimiento es escaso, en una noche de verano que en realidad invita a caminar más que a conducir. En el camino hay una plaza, la plaza del barrio donde viví hasta los 5 años. Paso de largo al igual que todas las veces que conduzco por ahí, pero de pronto, casi sin pensarlo, decido virar en U.

Doy la vuelta a la plaza y me estaciono por el lado del frente, por donde nunca anduve. Camino alrededor, intentando hacer coincidir los recuerdos de un niño con la realidad. Más de veinte años sin andar por aquí y la sensación es extraña. Pareciera que ahora hay menos árboles, o quizás menos frondosos. El nombre de la plaza también ha cambiado, ahora tiene 7 días más del mismo mes de Septiembre, para hacerla políticamente más correcta.

Mientras la recorro recuerdo que éste era mi gran jardín, donde jugaba al la escondida, a la mímica y donde me caí desde esa gigantesca araña metálica al suelo. Recuerdo esa igualmente gigantesca herida en mi rodilla, y cómo es que mamá dijo que esa herida era para ponerle puntos. Recuerdo cuando le dije a un carabinero que por qué no pintaban el paso de cebra que había fuera de mi casa, y recuerdo también cuando me respondió que no había dinero para hacerlo. Recuerdo las noches con fogatas, pasamontañas y neumáticos quemados, y como miraba a través de las persianas y me decían que me acostara, que esa era gente mala. Recuerdo el atropello de mi madre el día de su aniversario de matrimonio en la misma esquina de las fogatas, y cómo ella me dijo que no necesitaba nada cuando fui a verla a su cama después del accidente. Recuerdo a mis vecinos evangélicos y el lápiz Kilométrico que una vez me regalaron. Recuerdo la piraña embalsamada que había en la carnicería y el miedo que me daba pasar cerca. Recuerdo cuando le sacaba las alas a las chinitas y recuerdo el terremoto cuando salió todo el vecindario y se quedó en la vereda, mientras el edificio se tambaleaba y las señoras entraban en crisis de pánico.

Pasaron los años, las cosas dejaron de ser tan sencillas, y es difícil no añorar los días en que no tenía nada más que hacer era cruzar ese borrado paso de cebra para  jugar en la plaza.

Enero, 2007

noviembre 13, 2010

todo ocurrió en Providencia

Archivado en: personal, relatos — Etiquetas: , , , , , — Jorge López @ 3:16 pm

Vagón del Metro, estación Manuel Montt. Una anciana busca con dificultad bajarse, sin lograr apoyarse en ningún lado. Viene el freno y la mujer se ve abalanzada hacia mi. La sujeto, le doy mi mano. Sujetese nomás, le digo. Toma mi mano con firmeza, me sonríe. Gracias, es usted muy amable. La mantengo firme y la ayudo a avanzar hasta que logra quedar en la salida. Me repite su agradecimiento. Que tenga un buen día, le digo. Usted también, joven.
El evento habría sido sólo eso, un evento del día, si no fuera por una voz -seria, reprochadora- dentro del vagón al momento de cerrarse las puertas.
- Se pasó pa’ fresca la señora.

Guardia Vieja esquina 11 de Septiembre. Semáforo en rojo y varios peatones esperamos a cruzar. Voy con audífonos en los oídos, algo aislado del mundo. En esos segundos de silencio entre el final de una canción y el comienzo de otra logro escuchar un segmento de una conversación entre lo que podría ser madre e hija:
- Era el típico olor a pobre, pues!

Típico olor a pobre. Me duele y me impacta, pero me impacta más al ver el reflejo en mi, que he pensado también en ese olor como “a pobre” para darme cuenta, avergonzado y trabajando con gente pobre, que no tiene nada que ver con la pobreza.

Sigo en Providencia, Galería Drugstore, una de aquellas tiendas de diseño con precios nada de módicos. Una de las clientas le dice a la vendedora:
- Tu sabes, tengo que coordinarme tanto para venir para acá, vengo de arriba, de La Dehesa, yo no bajo nunca…
Mi salida de la tienda fue automática.

Cae la noche en un día lluvioso. Un hombre en el suelo, un ebrio, un mendigo seguramente, resguardado al amparo del alero del Portal Lyon. No es raro encontrarlos por ahí. Hoy hace frío, y él no está aún cubierto por los habituales cartones. Avanzo un par de metros más y siento el olor a vino derramado. Seguramente bebió hasta no poder levantarse. Pero no es el habitual vino de caja. Los vidrios están esparcidos por la vereda, camino con precaución de no pisarlos. ¿Lanzó la botella antes de terminar los últimos tragos? ¿alguien rompió la botella sobre él? No veo sangre, se ve conciente, sentado, no parece mal herido, no le pregunto nada, sigo adelante, no me involucro.

Soy tan culpable como todos, solo pienso en no seguir mojándome, en las cuadras restantes para llegar a casa, en si quizás el McDonalds en el camino esté aún abierto.

¿En qué minuto perdimos la verdadera solidaridad, el entendimiento, nos segregamos tan groseramente? ¿En qué minuto llegamos a ser esto?

septiembre 6, 2010

ahumada 131

Archivado en: fotografía, personal — Etiquetas: , , , , , , , — Jorge López @ 3:02 pm

No lo sabes, pero esas puertas no son iguales. Una de ellas es un viaje directo a la infancia. Me quedan pocos boletos para ir. Pronto serán sólo los recuerdos, tan ideales, tan vagos, tan deformables.

Y entonces llegará el día en que dudaré de cuál era la puerta.

agosto 29, 2010

¿qué música escuchas?

Archivado en: música, personal — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 6:48 pm

Esto será un viaje por la nostalgia.

 He sido fan de eso que llaman rock progresivo toda mi vida, o al menos desde los 13 o 14 años, y mi gusto por este tan impopular estilo se debe única y exclusivamente a Genesis, de cuando en 1992 compré mis primeros cassettes y entre ellos estaba uno llamado We Can’t Dance (los otros siendo Reggatta de Blanc de The Police y Greatest Hits de Queen: de Police sigo siendo un gran fan, de Queen aprendí a valorarlos en su justa medida). A los 12 años mis gustos musicales no tenían definición alguna, no tenía ninguna capacidad de definir qué canción era de Phil Collins y cuál era de Genesis, y para mis efectos el grupo era el de las canciones y videos divertidos. Pero empecé a escuchar ese cassette y de pronto me fui dando cuenta de que Genesis era bastante más que canciones para reirse, que era un grupo más bien serio.

Así pasó un poco de tiempo, no se bien cuánto, hasta que un día iba con mi papá fuera de Santiago y me di cuenta que cierta canción estaba siendo la banda sonora de un trayecto más bien largo. La canción era Fading Lights, el magnífico cierre del disco, y en cuanto llegué a casa la cronometré: 10 minutos 15 segundos. No podía creerlo, ¿podía acaso durar una canción tanto? Comencé a prestarle más atención al resto de los temas. Había un segundo tema de más de 10 minutos (uno que por un buen tiempo confié en que su traducción efectivamente era “tomando la última curva” tal y como decía mi cassette, y no “clavando el último clavo”), y un tercero de 7. Luego me fui poniendo maniático, cuando me fui dando cuenta de que en ocasiones habían segmentos instrumentales extensos, como el de la mentada Fading Lights, o el de la más breve Living Forever. Y todo ello me fascinaba en la medida que descubría que estaba ante algo completamente distinto a todo lo que antes podría haber escuchado antes.

En resumidas cuentas, estábamos ante el nacimiento de un fan de Genesis. Y todo fanatismo tiene cierta dosis de adicción, y necesitaba saciar una sed.

 Por supuesto, si esto hubiese pasado en 2010 si hubiese querido más era fácil. Hubiera bastado con entrar a google, tipear “genesis discography torrent” y mi programa de torrents habría hecho el resto del trabajo durante una noche o quizás parte de la mañana siguiente. Pero esos eran tiempos distintos, tiempos en que el acceso a la información era mucho más dificultosa y fragmentada. Con internet en forma masiva al menos en Chile aún en pañales, básicamente para avanzar en mis conocimientos del grupo tenía que optar por la suposición, por el azar, y luego, por mi gran guía, la revista Rock Clásico de Genesis (¿se llamaba así?), una edición nacional de biografías extendidas de bandas acompañadas de cancioneros, todo con fotografías y recortes entre psicodélicos y hippies. Y por supuesto, de los especiales de radio, que grababa religiosamente.

 Alguien ya me había dicho que tuviera cuidado con los discos más antiguos del grupo, pues eran un poco raros, así que avancé con cautela, comprando de a poco la discografía, haciendo calzar las piezas. Un día en radio Viva (97.7, del adulto joven), tocaron The Lamb Lies Down on Broadway. Lo grabé (en un cassette de 90min, ya sabía que era un disco doble), lo escuché una y otra vez, y no logré digerirlo más allá de In the Cage. Un buen signo fue que encontré interesante ese experimento -lejos lo más extraño que hasta ese entonces había escuchado en mi vida- llamado The Waiting Room, pero como un todo era demasiado, y decidí que al menos por un tiempo me enfocaría en cosas no tan antiguas, y de hecho (Tony Banks, perdóname), llegó el momento en que borré la cinta.

Finalmente todas las cosas llegan en el momento adecuado y es así como mi amor por el Genesis más clásico se generó a través de The Musical Box, como ya antes he escrito. De ahí a fascinarme incluso con ese rechazado The Lamb no pasó tanto tiempo, y de hecho contiene muchas de mis momentos favoritos, como el que alguna vez documenté también por aquí.

 Recuerdo con tremenda nostalgia esos tiempos -cuando ya tenía CD player, un minicomponente Kioto harto rasca, he de decir- en que mis ahorros se iban destinados a juntar cada peso para ir comprando, mes a mes, un nuevo disco del grupo, ya sea en reemplazo de un cassette o uno completamente desconocido. Y justo ahí estaban los Definitive Edition Remaster, a las que les habían sacado un poco de polvo, y como por ahí leía, en algunos casos las diferencias eran notables.

 Con justa razón mis compañeros de colegio me deben haber tenido en algún momento como el nerd. Obvio, el mateo del curso, el que no jugaba a la pelota, y el que tenía un cuaderno en el que se quedaba cada recreo traduciendo las canciones de su banda favorita. Pero es gracias a esas traducciones (y no a haber acudido a un colegio llamado “Colegio Inglaterra”) que me manejo algo en inglés.

 Pasaron los años, me compré todo posible boxset, seguí, al menos parcialmente, carreras paralelas de los músicos y ex músicos, tuve un sitio web dedicado a la banda (nada de 2.0, por cierto, pero que fue un pequeño orgullo), fui de los que vio como una oportunidad más que una catástrofe la salida de Phil Collins y el lanzamiento de Calling All Stations en 1997 con Ray Wilson como vocalista, y también vi con tristeza como preferían abandonar el barco tras los resultados poco satisfactorios en ventas de ese álbum.

 Seguí atento a todo posible rumor de reunión de la banda no sin cierto grado de amargura. Después de todo, Genesis siempre había sido una banda que se preocupaba de mirar hacia adelante, aún cuando la crítica (o los fans) los trataran de vendidos. El mirar adelante para mi había terminado cuando decidieron no hacer un segundo disco, con Ray Wilson, y quizás involucrando a otros músicos. Traer nueva sangre, decirle no al desgaste.

El camino decido fue otro, y finalmente en 2007 se oficializó una gira por Europa y Norteamérica. Y ahí estuve. Cómo no iba a estarlo, estaba claro que era mi única chance de verlos. Compré tickets primero para Inglaterra (en una locura de preventa, un día a las 7AM, con un sitio de ticketmaster colapsando, y cada vez que intentaba una vez más viendo cómo quedaba más y más lejos del escenario), pero la logística no me acompañó. Pero si que pude para las fechas de Norteamérica, y Philadelphia coincidía perfectamente con los feriados de fiestas patrias chilenas. Y lo hice: los vi en vivo, en una gira fantástica, con una puesta en vivo apoteósica, un set de temas que buscó hacer feliz a todos por igual lográndolo de buena forma. Por supuesto que compré el CD del show de esa noche, pero rara vez lo he escuchado. La magia fueron esas dos horas y media. Una grabación es una visión demasiado parcial.

Han pasado casi tres años desde ese recital y desde entonces por supuesto que han salido nuevas y lujosas reediciones (que por supuesto he comprado y comentado por aquí), pero con el paso de los años las cosas van cambiando. Desde haber escuchado sólo Genesis, a haberme hecho un fan acérrimo del rock progresivo, de pronto fui descubriendo otras cosas tanto o más cautivantes a mis oídos, y entonces a darme cuenta que las categorías en la música son una soberana estupidez. Genesis sigue ahi, pero ahora es distinto. De ellos querré tener cada material editado, leeré cada entrevista que pueda, seguiré perfeccionando mi conocimiento (a veces tendiente a lo enciclopédico) de la historia de la banda, pero hace mucho tiempo que no son mi banda más escuchada, como tampoco lo son ni King Crimson, ni Yes, ni Rush, ni Pink Floyd. Ahí si que están Marillion (etapa Hogarth), Porcupine Tree, No-man, Nick Drake, Radiohead, Anja Garbarek, Tortoise, Kevin Johansen, Jorge Drexler, La Desooorden, Congreso, Air, Massive Attack. Música abierta a explorar, músicos que no se quedan tranquilos, músicos que es imposible meterlos a todos en un mismo saco.

Y es así como cuando si antes me preguntaban ¿qué música escuchas? yo tenía sólamente que explicar en qué consistía el rock progresivo, y no era difícil, en los primeros años citando a Pink Floyd o Rush, y luego ya Radiohead y Muse me la pusieron mucho más sencilla. En cambio, cuando ahora viene la misma pregunta, me hago todo un lío.

agosto 16, 2010

decir la verdad (ii)

Archivado en: medicina, personal — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 7:25 pm

Una vez a solas con don Juan, hoy le dije que lo que él tenía no era una úlcera común y corriente. A continuación le pregunté si se le ocurría qué podría ser lo que le pasaba, y dijo no tener idea. Ahí le dije que el problema era el cáncer gástrico, pero que necesitabamos más exámenes para saber con claridad el estado actual. Me dijo que nunca se imaginó que podría tener cáncer.

No le dije que su familia ya sabía. Para qué generar tensiones cuando una familia está en crisis.

Pasan los días y don Juan está enojado, muy molesto conmigo. No entiendo muy bien el por qué en realidad, pero empieza a decirme que todo se le ha hecho demasiado lento, que a todos los otros pacientes se les hacen exámenes menos a él. Para mis adentros me da rabia: viejo de mierda, me saco la cresta para agilizar un estudio que ya se ha atrasado dos años. Le explico como son las cosas, qué es lo que falta, por qué no se ha hecho aún, que lograr realizar algunos de los exámenes resulta más lento que otros en el hospital, pero que sería más lento aún si estuviera en ambulatorio.

- Ok, quiero irme

- ¿Perdón?

- Me quiero ir a mi casa

- ¡Pero caballero, vamos a perder lo avanzado!

- Me da lo mismo. Me quiero ir, aquí me estoy volviendo loco, y voy a salir con más enfermedades que las que tenía. Yo tenía mi pierna medio mala y ahora voy a terminar con cáncer

- ¡Pero si usted tiene cáncer hace dos años!

- Me da lo mismo

Niveles de irracionalidad como ese sólo los había visto en una ocasión en una persona aparetemente cuerda y aún no senil: mi padre. Y cresta como me recuerda a mi papá este hombre. Personas con buen nivel cultural pero con una irresponsabilidad terrible hacia sus propios cuerpos.

- Don Juan, ¿usted entiende que lo que tiene es un cáncer que puede ya estar avanzado?

- Si

- Entonces, ¿cómo se quiere ir?, ¿cómo lo va a hacer en su casa para alimentarse? – cuando llegó había bajado 10 kilos pues lo vomitaba todo.

- Ahí me las arreglaré

- Bueno, si es lo que quiere me tiene que firmar la ficha y hasta aquí llegamos.

- Ok. Dígame dónde.

Y llega la familia, y empieza el show. Todos lloran, todos me piden que haga algo, que no se puede ir a la casa. Claro que quiero que se quede, no quiero que se muera en su casa sin ninguna ayuda, sin ningún plan de manejo aunque sea paliativo, pero el hospital no es una cárcel, y por cada enfermo hospitalizado hay muchos esperando esa misma cama y deseando un tratamiento que este hombre rechaza.

Tras una hora de tira y afloja, logro que se quede. Varias veces me dan ganas de mandarlo a la mismísima cresta, viejo irresponsable, cómo no se da cuenta de la tontería que quiere hacer. Pero me controlo, no se cómo pero lo hago. Me cuesta, porque veo en exactamente el mismo escenario a mi padre. Tozudo y mañoso. Enojón y rencoroso. Cabro chico taimado.

Al final convencí a don Juan. Era en ese entonces aún un interno de medicina. Ahora soy médico, ya no estoy en el hospital (y vaya que lo agradezco), pero situaciones como esta no dejo verlas una y otra vez. Y ahí está siempre ese temor espantoso de algunos a decir la verdad.

agosto 15, 2010

decir la verdad

Archivado en: medicina, personal — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 6:03 pm

Fines de 2005, sala de Medicina Interna de un hospital público. Llega hoy un paciente a hospitalizarse, don Juan, un caballero de sesenta años acompañado por su señora. En la documentación de ingreso aparece claramente “Cancer gástrico”, y la señora rápidamente me dice, apartándome hacia un lado, “doctor, mi marido no sabe”.

Miro al paciente, se ve en sus cabales, orientado y lúcido. Miro a la señora, nerviosísima y al borde del llanto. Mientras él se instala en cama de sala común la aparto al pasillo y le explico que siempre es mejor que el paciente sepa la información, que ciertamente hay formas y formas de hacerlo, dependiendo de cada paciente y cada situación, pero que no espere que yo le vaya a negar información si él la solicita.

Comienzo a tomar los antecedentes, a escribir su historia clínica y a revisar sus exámenes previos y comienza rápidamente la sensación de estupor, de rabia. Leo que el paciente cuenta con una endoscopia digestiva de comienzos de 2004 que muestra lesiones compatibles con un cáncer gástrico incipiente, con biopsias confirmatorias. ¿Qué significa esto? que en 2004 este paciente podría haberse realizado una mucosectomía, procedimiento endoscópico en que se extrae la lesión tumoral, y que puede llegar a ser curativa, sin requerir cirugía.

¿Qué se hizo en este caso en cambio? La familia decidió ocultar el diagnóstico al paciente, temerosos de lo que podría pasar, aprovechando que un déficit visual le impide la lectura. La hija -médico veterinario- le dijo a la madre: si lo operamos quedará con una cicatriz gigante, y quedará postrado en la cama. Decidieron ir donde una “doctora naturista” que al ver los exámenes decidió que lo mejor que podría recibir don Juan era agua de llantén. Y como se sintió tan bien con el agua de llantén, siguió tomándola. Pero no creamos que la doctora naturista era una inconsciente, no no no: solicitó una endoscopia de control nueve meses después, que volvió a mostrar el cáncer, y luego siguió con el llantén.

Claro, hasta hace un mes, cuando comenzó con dolores insoportables cada vez que comía, junto a nauseas y en ocasiones a vómitos, hasta terminar sólo soportando tomar líquidos, y bajando más de 10 kilos en ese mes. Aún no hacemos una nueva endoscopía, pero no hay que ser médico para saber qué es lo que probablemente pasó.

Sólo entonces la familia pensó que sería adecuado que un médico viera a don Juan, y lo llevaron al consultorio, donde espantados con el cáncer diagnosticado hace casi dos años lo derivan al hospital.

Lleno de rabia, rabia que debo mantener para mi, de no demostrar nada en mi expresión, me acerco donde la señora. Trato de mantener la calma mientras le explico la situación, y le dejo bastante en claro que hace dos años las cosas habrían sido muy distintas. Ella parece entender lo que le digo, y creo que entiende que en frases de buena crianza en el fondo le estoy diciendo con claridad: Señora, usted condenó a muerte a su marido. Por supuesto que en esto no estuvo sola: fue ella, fue el marido que no preguntó, la hija, la terapeuta naturista, todos.

Veremos ahora cómo le explicaré esto a don Juan.

junio 28, 2009

de moscas y autopistas

Archivado en: música, personal — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 10:03 pm
“There’s something solid forming in the air,
the wall of death is lowered in Times Square.
No-one seems to care,
they carry on as if nothing was there.
The wind is blowing harder now,
blowing dust into my eyes.
The dust settles in my skin,
making a crust I cannot move in
and I’m hovering like a fly, waiting for the windshield on the freeway…”
Fly on a Windshield, Genesis (1974)
Dentro de la compleja, oscura y muchas veces confusa narrativa del clásico disco The Lamb Lies Down on Broadway de Genesis, abundan los momentos de excelencia. Sin embargo, existe uno en particular en que el trabajo lírico de Peter Gabriel se conjuga con verdadera maestría con la música creada por la banda. Es Fly on a Windshield, un breve tema que siendo por un lado pivotal en el desarrollo del concepto del disco, es especialmente una dura reflexión respecto al ver venir un golpe.

Quién no ha sentido esa extraña sensación de saber que algo se viene, que un impacto es lo más seguro, pero que no hay forma de prepararse. Sentir la angustia crecer al ver venir la crisis sin poder hacer nada para prevenirla más que quedarse congelado esperando su llegada. Como Gabriel diría en su inusual estilo, como una mosca esperando por un parabrisas en la autopista.

Es algo que merece ser oído. Puede resultar curioso, pero el elemento fundamental, el verdadero toque de maestría es esa fracción de segundo de silencio desde que Peter Gabriel canta esa tan descriptiva última frase hasta que la banda estalla en un instrumental al mismo tiempo dramático y atmosférico. La perfecta definición del sentimiento de indefensión que te puede llegar a envolver, y que puedes llegar a hacer durar tanto tiempo sólo por temor a enfrentar la realidad, a asumir que nuevamente tienes el vacío frente a tí, ese infinito vacío.

junio 7, 2009

tanto tiempo

Archivado en: cine, personal — Etiquetas: , , , , , , — Jorge López @ 10:26 pm

Más de una vez me ha pasado que me encuentre con alguien inesperado. Más de una vez debo reconocer que evité el encuentro, me desentendí, asumí que el paso de los años era por algo, que para qué revivir una relación cuando has olvidado incluso nombres. Así he pasado de largo, cabeza en alto, mirada en lo más profundo del horizonte, sin dejar de sentirme un estúpido, pero sabiendo que no había una segunda opción. Así ha sido especialmente con personas del pasado que realmente no importan.

Es curioso sin embargo, que de todo el universo de mi pasado, ha habido una persona con quien en más ocasiones me he encontrado. Nunca fuimos amigos, no pasamos de ser compañeros de universidad por un semestre, y luego la historia debiera haber terminado y haber sido olvidada al cambiarme de carrera. Sin embargo, me encontré con ella, sólo con ella, las dos veces que volví a ese campus. Me encontré con ella viajando a mi primer trabajo, ella en su auto, yo adelantándola. Me encontré con ella en el metro, me encontré con ella en la calle una vez que me cambié de casa, lejos de ella. Me volví a encontrar con ella una vez más, hace una semana. Y esta vez pensé en saludarla, pero para entonces ella ya había pasado de largo.

¿Me habrá visto? ¿Me recordará? ¿Por qué habría de recordarme? ¿Por qué debiera saber mi nombre? ¿Por qué recuerdo su nombre, y si me esfuerzo un poco, incluso su apellido? ¿Si le hablara, qué le diría? ¿Cuántos segundos sería capaz de llenar comentando todas las veces que la vi pero que decidí ignorarla? ¿Se reirá reconociendo que también me ignoró o por el contrario me dirá o pensará al menos que soy un franco psicópata?

Más extraños y menos ignorados han sido mis encuentros con ex parejas. No han durado mucho más, pero han estado poblados por breves pero eternos silencios, miradas evitativas, frases entrecortadas, abrazos extraños. No saber qué decir, no saber qué responder, ni menos qué preguntar, pues en el fondo hay tanto que no deseas saber, y todo lo que si quisiste desaparece de tu mente. Lo bizarro de la situación es plasmado con un éxito relativo en Tanto Tiempo, ópera prima de Claudio Polgati distribuida gratuitamente a través del portal Cinepata.com.

¿en qué lugar de Santiago está esta escalera?

El formato de una pareja rota caminando hablando de nada pero de todo ciertamente no es original. Sin mucha dificultad recuerdo  la dupla Antes del Amanecer y Antes del Atardecer y la chilena Lo Bueno de Llorar, pero eso no es un pecado y creo que es un formato atractivo. Además, Tanto Tiempo tiene un valor interesante: estas conversaciones distan de ser perfectas, y lo refleja muy bien ya sea en forma intencionada o accidental. Considerando que lo que menos funciona y parece ser más forzado son los cortes entre escena y escena quizás habría sido mejor presentar la historia en tiempo real: personalmente no me habría aburrido de ver algunos minutos extra y lograr así una mayor fluidez.

El mayor valor que de esta película va por el lado lo que pasa con uno tras verla. Encuentros como el de Emilio y Elisa son de aquellos que te hacen de pronto recordar. Esas emociones que habías logrado guardar te invaden una vez más, y te acompañan por un rato, un rato en que sigues caminando, pero que a diferencia de Tanto Tiempo, lo haces solo, pensando en que esa extraña sensación de que realmente no estás a cargo de tu vida por completo no deja de ser inquietante. Por unos minutos, te acompaña esa soledad que sentiste cuando todo terminó esa vez, todo ese tiempo atrás. Y si tienes suerte, ese sentimiento se va rápido, cuando recuerdas que nuevamente tienes a alguien, pero entonces en mayor o menor medida piensas en qué pasará cuando todo una vez más se acabe, más tarde, más temprano.

¿Vale la pena? si, la vale. Tanto tiempo, en su computador más cercano.

junio 4, 2009

la paranoia ministerial de la influenza humana

Esta semana el Ministerio de Salud ha definido un nuevo cambio en el diagnóstico y manejo de los casos de Influenza Humana (aka A H1N1, aka porcina), planteando una orientación hacia “la detección de casos graves y su tratamiento”, pero paradójicamente asegurando manejo antiviral para todos los mayores de 15 años, aún sin confirmación de laboratorio, la que sólo se realizará en los casos severos.

influenza humana

Así, todo caso de influenza se asumirá como influenza humana. Se trata de una decisión acertada desde el punto de vista de que hacer una diferencia entre ambos cuadros es irrelevante considerando el comportamiento clínico de ambos tipos de influenza es similar, con incluso una eventual menor contagiosidad y letalidad de la nueva influenza humana que la estacional. Sin embargo, en una decisión difícil de comprender se define brindar tratamiento antiviral a todos los casos mayores de cinco años, cuando este tipo de manejo para la influenza ha sido históricamente de uso sólo ocasional, dada la benignidad del cuadro en general.

La situación no deja de ser preocupante, pues ésta pareciera ser más bien una medida populista buscando satisfacer una demanda de la población antes que una medida meditada racionalmente. De hecho, el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) de Estados Unidos en su recomendación preliminar plantea tratamiento antiviral sólo a los casos hospitalizados y aquellos que presentan complicaciones.

Es más, respecto a grupos sin complicaciones plantean:

“Many patients who have had novel influenza (H1N1) virus infection, but who are not in a high-risk group have had a self-limited respiratory illness similar to typical seasonal influenza. For most of these patients, the benefits of using antivirals may be modest.” (“Muchos pacientes que han sido infectados por la nueva influenza H1N1 pero que no están en un grupo de alto riesgo han tenido una enfermedad respiratoria autolimitada similar a la típica influenza estacional. Para la mayoría de estos pacientes, el beneficio de usar antivirales puede ser modesto”)

Ciertamente la aparición de casos graves y una primera muerte debida al virus ha generado alerta en los medios y en la población, pero la imagen apocalíptica y efecticista de tener al personal de salud con mascarillas y brindar recursos extraordinarios para el manejo medicamentoso en forma indiscriminada no hace sino maximizar la situación y genera aún mayor demanda asistencial, colapsando los servicios de salud y así dificultando la atención a los casos más graves, a su vez que aumenta el riesgo de resistencia al único fármaco disponible en nuestro medio efectivo ante el nuevo virus.

Mientras tanto, al personal de salud no nos queda sino acatar la guía clínica y trabajar en educación a la población, mientras esperamos atentos al embate de patologías estacionales de mayor gravedad, como el virus respiratorio sincicial.

Entradas más antiguas »

Tema Silver is the New Black. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 227 seguidores