Jorge López.

Julio 13, 2010

no lloro por ti

Filed under: relatos — Etiquetas: , , — Jorge López @ 12:13 am
Es que no lo entiendes, yo no lloro de pena. No es porque discutimos, te estoy diciendo que no, no te hagas el importante, ahora lloro de frío. Es el frío el que me hace llorar, no estoy triste, no lo entiendes. Es que soy sensible al hielo, siempre lo he sido.

Recuerdo tus palabras mientras camino esta mañana en que los pronósticos aciertan en la helada y siento mi cara entumecida, mis manos congeladas, pero más importante aún, una absoluta incapacidad de llorar con este frío. El recordar todo lo que no fuimos no me hace brotar más que angustia y dolor, mas mis ojos se muestran tozudamente incapaces de humedecerse.

Y te recuerdo llorando, jamás llorando por mi, sólo por el frío. Y ahora, sólo ahora, bajo cero, soy capaz por fin de no llorar por ti.

Mayo 30, 2010

fatiga de material

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 6:31 pm

Simplemente cedió. Fatiga de material, inexorable paso del tiempo, peso excesivo, o tal vez sencillo desequilibrio, de un momento a otro se fue al suelo en un casi poético desplome que vió a su pesado cuerpo aterrizar en el asfalto, al tiempo que mi auto circulaba por las lindas calles de tu barrio. Las normas del buen ciudadano son las que me hacen decir casi antes de poético, pues con toda honestidad la caída no pudo tener una mejor puesta en escena: El impacto con el suelo fue brutal, cinematográfico, seguido por un suave deslizamiento por la pendiente algo abrupta del lugar, mientras otra caída, la de su bolsa de las compras del día, ocurría en un ángulo oculto, pero ahora se manifiesta por el ruedo de dos rojos tomates que terminan su camino un par de metros calle abajo.

No son maneras de terminar, está claro. Golpeada en el suelo, transpirada ante el inclemente calor del verano, desamparada, sola. Frágil, débil, gorda, sola.

Lentamente paso de largo, mirando por mi espejo retrovisor, sin perder momento alguno del espectáculo, mientras pienso de qué material estoy hecho yo.

Enero 19, 2010

gonalgia

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , , , — Jorge López @ 11:19 pm

Es el hombre a cargo de una pequeña posición de poder donde alguien ostenta más poder, pero que promete futuros mayores porcentajes. Un futuro posible si tan sólo pudiera vencer al dolor.

El dolor de la rodilla izquierda era demasiadas veces insoportable. No tanto por la intensidad, sino más bien por su constancia. Ahí estaba, cada día al despertar, y luego un poco más al ponerse en pie. Estaba en la escalinata del edificio y especialmente al presionar el embrague.

No recordaba bien cuándo había comenzado, pero a veces lo asociaba a su auto nuevo, al fruto del esfuerzo, a su primera gran compra que no requirió interminables cuotas. Mas quién era él para saberlo a ciencia cierta.

Si tan sólo pudiera pensar con claridad, pero su mente estaba nublada. Cada nueva decisión en los últimos meses pasaba continuamente por su rodilla. Un desvío que lo tornaba lento, torpe, inseguro, gris, irritable.

En algún momento pensó que podría hacer algo. Visitó especialistas, realizó todo examen solicitado, recibió terapias, tradicionales y también alternativas, hasta que su médico declaró hoy la batalla perdida.

Batalla perdida. Duras palabras que nunca esperó. Y ahora un vaso de whisky en la mano, la mirada nublada busca sus lentes, Spiegel im Spiegel suena desde el living, y la derrota nunca se sintió tan triste.

Diciembre 12, 2009

la culpa de todo la tiene el alcalde

Llamo a la señora Juana al box de atención. La saludo, pero pareciera no haberme escuchado. No se ha sentado aún y comienza:

- La culpa de todo la tiene el alcalde.
- ¿Perdón señora?
- Si, y el vecino de atrás, ese enajenado, le hemos dicho al alcalde, pero nada, me lanza piedras por la pandereta todo el tiempo, y mire, el lunes me cayó una en la cabeza, me desangré, yo me tocaba y mi mano y mi brazo y mis ropas quedaban ensangrentadas, no se imagina como corría la sangre. Me tuvieron que poner puntos. Y ahora estoy bien, pero me dijeron que viniera a médico porque yo soy apoderada de mesa en las elecciones del domingo, y el que me cosió me dijo que yo no iba a poder, y yo tengo que ir, tenemos que pelear los votos, usted sabe que esta vez si que es importante.
- Claro, claro, pero volvamos a sus molestias, me dice usted entonces que se ha sentido mejor. ¿Dolor de cabeza, mareos, secreciones en su herida?
- No, nada le digo, pero si me resfrié, es que están todos resfriados en la casa, pero me tomé unos tapsin día y noche, se me calma con eso.
- ¿Con resfrío se refiere usted a moco, dolor de garganta?
- Si, si. Pero ya no tengo nada.
- ¿Ha tenido fiebre, tos?
- No, nada de eso. Pero sabe, el alcalde va a saber lo que es bueno, hoy van las noticias a mi casa, y lo voy a dejar en vergüenza frente a todos, ya va a saber, conmigo no se meten ah? Ese hombre va a aprender por las malas, así aprenden ustedes. Porque el vecino con la lavandería que puso no ha dejado de traernos problemas, si mire, le cuento..
- Disculpe señora Juana, pero le voy a pedir que nos aboquemos a sus problemas médicos, y dejemos los temas que no me competen fuera de la consulta. ¿Pasemos a la camilla?

Con franca cara de molestia la paciente se levanta de la silla. Llega a la camilla, tomo presión, normal, ausculto campos pulmonares, normales, faringe normal, pares craneanos, normales. Me dirijo ahora a su herida del cuero cabelludo, una lesión de 1.5cm suturada, sin signos de infección, la palpo suavemente.

- Ay! – grita absolutamente desmedida- Me duele!
- Disculpe señora, entiendo que el examen puede resultar molesto, pero necesito cerciorarme que su herida esté en buenas condiciones.
- Para eso no necesita ser tan bruto, ¿no se da cuenta que tengo una herida?
- Precisamente porque tiene una herida es que yo.. -no me deja terminar, se baja de la camilla y se dirige a la silla.- bueno, tome asiento.
- Ahora, sabe doctor, lo que pasa es que yo he seguido con dolor y se me va al oído y de ahí al cuello y la espalda, y a todo todo el lado izquierdo. Yo no se qué hacer, ¿qué me recomienda? – y me lo dice en un tono tan entregado y por lo mismo tan diametralmente opuesto al que usó un minuto atrás para decirme bruto que si antes ya había notado el transtorno de personalidad, ahora ya comienzo a sentir temor.
- Señora Juana, lo que ocurre aquí es que usted sufrió una herida importante en su cuero cabelludo, estas lesiones pueden producir bastantes molestias, y si bien no son de gravedad, se recomienda reposo, descanso. La labor que usted desea desempeñar como apoderado del partido en las elecciones es ciertamente elogiable, muestra su gran preocupación por la democracia y más aún, por el futuro de nuestro país. Sin embargo, se trata de una actividad estresante y que puede generar que usted no se sienta bien, y esas molestias pueden aumentar en horas de la tarde, cuando es más importante que usted como apoderada esté rindiendo al cien por ciento, defendiendo los votos para ganar la elección. Es por ello que mi recomendación es que usted mejor se mantenga en su domicilio, cumpla el deber cívico de votar como todo ciudadano, pero luego descanse en casa, y en la noche, según los resultados, que esto seguro le serán favorables, pueda celebrar, con moderación, por supuesto. Tome este certificado para presentar en el partido.
- Ay doctor muchas gracias, pues la verdad es que tiene razón, si con lo que me dice hasta ya me siento mejor.
- Para eso estamos, mi señora. Ahora descanse y va a ver que se va sintiendo cada vez mejor.
- ¡Muchas gracias, adios!
- Adios, tenga un buen día- digo con mi mejor sonrisa.

Al tiempo que cierra la puerta y me alegro sobre el bien que hice al país sacando a una loca -más allá de cuál sea su partido, que nunca supe- de un local de votación, transformo mis manos en pistolas y doy un par de tiros a la puerta. Alcanzo a guardar las armas y volver al lapiz cuando vuelve a entrar.

- ¿Y para esta tos que no me deja tranquila, qué puedo tomar?

PD1: cualquier semejanza con la realidad no es más que una curiosa coincidencia.
PD2: cerca de las elecciones los niveles de locura en la población se elevan exponencialmente, empíricamente demostrado.

Julio 27, 2009

objetos personales

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 10:57 am

Es algo tan íntimo, pudoroso, tan intensamente personal que es difícil hablar de ello, mas debo, y es que hay algo mío que aún está contigo. Es mi cepillo de dientes, ahora un extraño, un emisario incómodo en tierras enemigas. Se quedó ahí una noche, en un tácito acuerdo de compañía y compromiso. De pronto, o más bien de a poco, la compañía y el compromiso se desvanecen, y ahí quedaste, oh, cepillo, abandonado a tu suerte, compartiendo con otros como tú, pero con quienes mantienes tanta distancia como te lo permite aquel vaso que comparten con esa estrujada pasta de dientes.

¿Qué será de tí? ¿Estarás aún en tu última morada conocida, ese rincón junto al lavamanos? ¿Cuál será tu destino? ¿un muy probable basurero, un reciclaje a escobilla multiusos, pertenecer, oh no, a una inescrupulosa nueva boca, un espacio en un panteón de trofeos de guerra, o una dudosa e innecesaria llamada de devolución?

Oh, valiente cepillo, tú no lo sabes, pero en tu soledad eres algo único: el único testigo de que una vez hubo algo. Y así, de pronto, te conviertes así ya no en sólo un cepillo, sino que en otro indicador de nuestro fracaso. Lo bueno es que te compré en un pack de 3, y es así como hoy te digo adiós.

Mayo 7, 2009

mi corazón

Filed under: personal, relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 11:09 pm

Mi corazón no miente. Late como pocos, se agita y se remece. Mi corazón duele. No es de medias tintas, se siente o no se siente, y cuando se siente el cuerpo sucumbe. Todo gira alrededor de mi corazón, incluso cuando pretendo esconderlo, cuando pretendo olvidar que está ahí latiendo más que lo que debiera, más que lo que quisiera: es imposible dejar de pensar en que está ahí.

Me asombra cada día al darme cuenta de que no puedo dejar de sentirlo, y que a veces lo que sientes llega a ser dolor cuando debiera ser tan sólo ese pulso continuo que te recuerda que estás vivo.

Oh, taquicardia paroxística, vaya si le das ritmo a mi vida.

Abril 6, 2009

Etiquetas de lavado

Filed under: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 12:55 am
Etiquetas de Lavado, ese práctico link en la subcarpeta varios de mi barra de marcadores, fue todo lo que me dejaste, el único rastro que quedó de nuestra difícilmente comprobable existencia, del inicio de una linda historia que no fue. Me olvidaste rápido, me bloqueaste en messenger, me borraste de facebook, y seguro que ya enseñaste a otro a lavar. 
Pero yo nunca te olvidaré, cómo podría: Nunca más he vuelto a desteñir mi ropa, aunque sigo necesitando algunos datos sobre el planchado. ¿Acaso podrías darme otra oportunidad?

Marzo 28, 2009

Santiago

Filed under: relatos — Etiquetas: , , — Jorge López @ 9:04 am
El sonido de los autos en la calle nunca se detiene por completo. Siempre, más cerca, más lejos, está ahí esa imitación de oleaje en ocasiones silenciado por el sonido del caucho frenando de golpe en el rojo, o precediendo al impacto doloroso de un choque. Curiosamente rara vez se escuchan bocinas, mas sí sirenas de bomberos, ambulancias o policía, cuyas balizas se reflejan en las ventanas de edificio en edificio. 

Hay algo mágico en esa mezcla entre el sonido de las hojas de los plátanos orientales, del barrendero barriéndolas, de ventanas que se abren no sabes dónde, del mendigo pidiendo ayuda, del vozarrón del vendedor de diarios, del oleaje mecanizado, del murmullo initeligible de las voces que se cruzan y que nunca más verás y que a veces, sólo a veces, te preguntas si son de verdad o están sólo en tu mente.

La ciudad no duerme, dicen. Y es que si alguna vez durmiera sería una imagen de una tristeza sin comparación. Sería como si muriera, y esta ciudad es mi vida. 

Marzo 25, 2009

el gran escape

Filed under: personal, relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 10:13 pm

heading for the great escape,
heading for the rave,
heading for the permanent holiday

The Great Escape, Marillion.

Tiene catorce años, viene con su padre, y llega tras su tercer intento. El primero fue con pastillas, los otros dos con la soga. El último hace dos semanas, cuando fue descubierta por la madre antes que fuera demasiado tarde. Ese día el padre estaba de turno, pero hoy es la madre la que trabaja. Pronto descubro que la mirada confusa del hombre ante mis palabras es porque no sabe nada de lo que ha ocurrido, y recibe la noticia de una forma casi brutal, sin realmente entender, o al menos sin desearlo.

Tenía quince años, y éste fue su primer y único intento. Como es lo usual en los hombres, extremadamente efectivo. Despertó a las siete, y como todos los días, se duchó y se puso su uniforme escolar. Anudó la corbata con cuidado, repitió dos veces el nudo hasta lograr uno satisfactorio. Antes de tomar el desayuno salió un momento al patio, pero no volvió. Cuando su madre lo descubrió, colgaba ya inerte. Dejó una carta donde explicaba los meses de planificación y las culpas que debían sentir los padres por no haber percibido lo que pasaba.

Con ocho años es el concho de una familia donde sus hermanos tienen diecinueve y veintidós. Su madre hace una semana lo descubrió atándose una soga al cuello. Cuatro días después le nota su cuello irritado, y el niño reconoce que volvió a intentarlo. El informe psicológico habla de un transtorno ansioso, de una baja autoestima, y de una clara intencionalidad en sus acciones. Mientras lo leo, el niño juega con su auto de juguete, hace preguntas irrelevantes a la madre y ella a su vez intenta responder con el tono de sabiduría que toda madre busca mostrar a sus hijos, pero que al menos hoy fracasa rotundamente.

Solicito la hospitalización como medida cautelar y camino con el niño hacia la ambulancia, aparentando tranquilidad con el mismo éxito con que la madre aparenta sabiduría, tomándolo del hombro, acariciando su cabello liso, grueso, desordenado, mientras explico a la madre que debe estar tranquila, que las cosas estarán mejor, que su hijo estará bien. Es entonces cuando me cruzo con la madre del niño de quince, mientras espera a un colega con su hijo menor, hijo al que teme acercarse por temor a perderlo. Nuestras miradas se cruzan y pareciera generarse un tácito acuerdo de no saludarse, como si temiéramos generar daño en el otro, o como si ella percibiera qué es lo que ocurre con este niño que no quiere vivir.

Tras unos minutos en el lugar no queda nadie, pero en el aire queda esa gran tristeza que impregna todo a su paso.

(2007)

Febrero 22, 2009

robar es natural

Filed under: libros, personal, relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 8:00 am

Escribir es un hobby para mi. Un hobby que haría feliz a tiempo completo, tan sólo que si así fuera pasaría períodos prolongados de no hacer nada, si tomamos como parámetro mis niveles de creatividad actuales. En ocasiones la falta de inspiración es frustrante, y desespera pasar el tiempo frente al teclado o frente al papel, esperando por esa mágica primera frase que dará origen a todo, esa primera frase que captura todo lo que quiero decir. Bien lo dice J.M. Coetzee en los primeros dos parrafos de Elizabeth Costello:

En primer lugar está el problema del arranque, es decir, de cómo ir desde donde estamos ahora, y ahora mismo todavía no estamos en ninguna parte, hasta la orilla opuesta. Solo es cuestión de cruzar, de tender un puente. La gente soluciona problemas así todos los días.

Pongamos por caso que lo conseguimos, sea como fuere. Digamos que el puente ha sido construido y cruzado, y que podemos quitarnos el problema de encima. Hemos dejado atrás el territorio en el que estábamos. Y estamos al otro lado, que es donde queríamos estar.

 

En este texto, lamentablemente, aún no hemos llegado al otro lado, pero no pierdo las esperanzas de lograrlo. En mi día a día ciertamente lo logro hacer, lo que es crucial para que mi trabajo sea bien hecho. Pero ése es el trabajo, éste es el hobby. Y en el hobby tiene que surgir esa primera frase, y luego, lo que se ha de narrar debe ser atractivo, y esa atracción debe mantenerse durante todo el relato, que en mi caso será muy probablemente una historia breve que no puede permitirse un párrafo innecesario, como éste.

Entonces está el problema del arranque, luego está el problema del contenido, y al mismo tiempo surge el problema de dar con el personaje y con su lenguaje, lograr que el personaje logre una vida propia, y es entonces cuando me decido a robar directamente desde mi vida. Y aquí estoy, viendo un nuevo personaje, una nueva historia en cada persona en la calle, en cada frase de mis pacientes, en cada trivial encuentro social, inconscientemente diseccionándolos para ver qué robar. Veo a cada posible víctima de robo hacerse y deshacerse en su nueva realidad literaria con una velocidad que me asombra. Literalmente los veo derretirse en cosa de segundos. En ocasiones trato de conservarlos en su forma, mantenerlos congelados para que obedientemente luego vuelvan a la acción según mi voluntad, pero lamentablemente casi todos terminan derretidos en el período que pasa entre la inspiración y la transcripción. 

Entre semejante masacre de personas derretidas a veces puedo distinguir sus restos: a la seguidora de osho con insomnio y estrés todavía puedo distinguirle su huesuda complexión, de la anciana librepensadora con traje en combinación de fucsias por supuesto que queda esa sensual ausencia de párpado inferior del ojo derecho y misteriosamente aún es capaz de hablar en su forma muy particular. Pero si de sorpresas se trata ahí está el oficinista de turnos nocturnos que se mantiene curiosamente íntegro, pero en un ambiente de mantequilla, mas no pierdo las esperanzas de que conozca al guardia del edificio del que sólo conservé su linterna. Es tan sólo cosa de tiempo para dar ese gran golpe y eliminar toda evidencia de mi pequeño robo.

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