Jorge López.

noviembre 3, 2008

tarareo

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , — Jorge López @ 8:52 pm

A fulanita de tal ya la conozco hace un buen tiempo. Ella tararea. Tararea mientras ingresa al box de atención y toma asiento, tararea cuando me espera mientras termino de escribir en su ficha clínica. Tararea mientras ausculto sus campos pulmonares. Tararea mientras reviso sus oídos.

Estoy seguro que tararea para sus adentros -o quizás incluso cante- cuando reviso su orofaringe.

Siempre me ha parecido una situación tremendamente irritante. Claro, pienso que fulanita no le da a la consulta médica el suficiente valor, que no me brinda el respeto que me merezco como profesional de tan alta índole y responsabilidad. Luego pienso que quizás tiene algún retraso mental que explique la situación, considerando que su facie no es exáctamente la de un genio. ¿O quizás es un tarareo nervioso, tensa por encontrarse sola en la consulta de un médico? ¿Algún trauma proveniente de la más tierna infancia, o de la aún tierna adolescencia?

Todo esto lo pensaba mientras hoy me visitaba de nuevo y yo me dirigía hacia al mesón donde mantengo los bajalenguas, y mientras me dirigía hacia ella, me sorprendí tarareando.
-Parap papap pap paap
Y fulanita:
Tararaaa lara laraaaa
Parap paaa papa paaap
- Tara ta tan ta

Y luego al unísono: parap paaaap pap! / tarat taaaat tat!

Luego el silencio, para luego retornar rápidamente la dignidad a la consulta médica.
- Abra grande la boca, eso, diga aaaa. Eeeso. Claro, tiene la garganta muy irritada oiga. Veamos los pulmones ahora. Diga treinta y treees. De nuevooo, eeesoo, muy bien.

(Noviembre, 2007)

octubre 3, 2008

sueños perdidos

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 9:16 am

Despierta y mira su reloj de pulsera sobre el velador. Se bendice por su despertar a la hora y maldice a su alarma que no sonó, y decide que esta vez no se quedará en la cama ni un segundo más y va directo a la ducha. Toma sus cosas, guarda el laptop y parte raudo a las escaleras, pero a último minuto cambia de parecer y toma el ascensor. Primer piso y puerta de salida. Mira el cielo, está oscuro y pareciera que va a llover. Sube al auto. El brillo del reloj en el panel le obliga a mirar. Lee los números de la pantalla led.

5.15 

Mira por segunda vez su reloj de pulsera con algo de dificultad, en las mañanas le cuesta enfocar. 5.16. Intenta vanamente que ese 5 sea un 7, pero no, mierda, despertó dos horas antes. Piensa en volver a dormir, pero no, ya no tiene sueño y decide partir. ¿Partir a dónde?

Las calles, salvo un ocasional compañero de madrugada, son suyas. Maneja lento, se detiene y vuelve a partir haciendo de estas dos horas que le restan un viaje por el recuerdo, revisitando cada lugar que compartieron. Recuerda las palabras, recuerda los gestos, recuerda largos silencios y no puede evitar sentir una cierta tristeza ante lo que no fue. 

La luz del semáforo da rojo. Cierra los ojos y espera retomar el sueño perdido. Pero el sueño es otro sueño, y la luz verde dice que hay que seguir adelante. Sorprendentemente no le parece una mala idea en lo absoluto, y parte acelerando en segunda.

septiembre 20, 2008

botillería

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 10:22 am
Somos él y yo, esperando atención en la botillería del barrio.
¿Viene de ahí? ¿hay fiesta o no? ¿ah no? ah, viene de otro lado, ahh, es que pensé que había salido del local. Me da dos dos de pisco y una cocacola. Las de pisco de las chicas. ¿Que me conviene más la promo? bueno, llevo la promo. Oiga es que yo no tomo nunca, sólo para las fiestas. Yo trabajo estos días de fiestas, pero me llegó una chiquilla de visita, y hay que tener qué servirle. Yo me había comprado una chica de pisco pero me la había tomado solito antes que llegara, y no puedo tenerla sin nada pa’ servirle. Usté sabe, ellas son las que mandan. Yo ni tomo, si es para ella, para que esté más sueltecita, sabe. A ver si me puedo arrancar del trabajo y me la traigo pa’cá a la fiesta. Uno nunca sabe cuando puede cantar la perdiz. Ya caballero, le toca que lo atiendan, páselo bonito en las fiestas, no tome mucho eso si ah? 

septiembre 14, 2008

cinco notas

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 9:27 pm

Cinco notas. Míseras cinco notas son las que me hacen estar aquí. Benditos compositores contemporáneos que son capaces de tenerme aquí todo un concierto por esas cinco notas que Andrés, al lado mío, es incapaz de ejecutar pues está tocando todo lo demás. A veces pienso si no será ése el objetivo, si acaso no seré yo el centro de la presentación, si mi presencia visible pero insonora era acaso el fin último buscado. Pero entonces mi argumentación sin pies ni cabeza se encauza al tiempo que me doy cuenta de que estoy a punto de cabecear en el asiento. Ahí si que sería el centro de la función, una función única, y en mi caso particular, última.

 

Entonces, ¿por qué estoy aquí? por qué estoy echado en este asiento, con un traje que nunca me quedó bien, incapaz de mantener una postura acorde durante todo el tiempo que tengo que esperar por esas cinco notas, y luego todo el tiempo que quedará antes que deba recibir los aplausos, esperar a que el director entre y salga por más aplausos un par de veces y luego ante su orden ponerme de pie para recibir las congratulaciones por algo que apenas hice. Ciertamente mi buen amigo Andrés se las merece más, tiene un par de segmentos solistas en los que se luce, y me luzco a su lado no haciendo absolutamente nada.

 

Vamos, no bosteces. Hace rato que hacer gestos como llevar las cejas hacia arriba, sacar y ponerme los lentes o llevarme la boquilla del oboe a la boca no dan resultado. En cualquier momento caeré derribado sobre los fagotistas, y ellos directo sobre las violas.

 

Pero ¿quién soy yo? ¿acaso tan sólo la imaginación de alguien en el público, como aquel en la tercera fila a la derecha, alucinando un poco para pasar el rato? ¿acaso soy la manera en que evito que sea él quien caiga dormido? ¿acaso soy la excusa para no viajar con la música a lugares que no quiere ir? ¿acaso no soy nadie si no estás mirándome?

 

agosto 25, 2008

¿qué ocurre ahora?

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 11:39 pm

- ¿Qué ocurre ahora? -me preguntó de repente, y sabía exáctamente a qué se refería.
- ¿Ahora? Pregunta curiosa que me haces.
- No soy de preguntas obvias – dijo, y era evidente que esta vez no tendría un salida  sencilla, así que dejé pasar unos segundos. La respuesta esperada era larga y compleja, probablemente sería capaz de darle un innecesario tono sentimental y terminaría siendo capaz de dejar espacio a la esperanza. Todo lo que no pretendía hacer.
- Me la pones difícil, sabes que soy malo con las palabras.

Seguimos caminando en silencio, mientras pensaba que era el momento adecuado para encender un cigarrillo y reforzar el paso hasta llegar a la banca de la plaza y quizás ahí intentar una respuesta. Intentar una respuesta que tendría que estar inventando en esos momentos. En cambio, sólo podía pensar que siempre hay algo que no resulta como lo esperamos, y así es como en este caso no fumo, no hay banca, no hay plaza, sólo calles y más calles en una tarde otoñal. Me asombro una y otra vez de mi cualidad para llegar a situaciones complejas en los momentos más inadecuados.

Fue entonces cuando el silencio a secas se transformó inexorablemente en un silencio incómodo que alguien tenía que romper.
- ¿Y entonces? -dijo con cierta impaciencia. Entonces un crack vino desde el suelo, y supe exáctamente qué es lo que debía decir.
- ¿Por qué no pisamos las hojas secas mejor? -le respondí. Ese eterno afán por ser niños una vez más realmente parecía ser la mejor opción en esos momentos. Después de todo, quién podría resistirse.

Y así fue como decidió pisarlas, pero en el sentido contrario al mío.

agosto 10, 2008

últimas palabras

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 8:41 pm

Todo fue tan rápido que se me hace difícil recordar los detalles. La mujer venía en sentido contrario al mío, caminando con la mirada extraviada, o quizás demasiado fija en un punto lejano, vistiendo una falda larga en tono naranja y blusa de flores fuera de este tiempo. Nada de esto era tan curioso como el hecho de que sus manos las llevara semiflectadas, palmas hacia adelante. Mi primera impresión fue que se encontraba rezando un padrenuestro, pero algo en ella me hizo descartar la posibilidad.

De pronto su mirada se enfocó en mi de forma que fue imposible evitar demostrar que la observaba. Así, nuestros ojos chocaron de manera más bien incómoda, cuando a esas alturas ya estábamos demasiado cerca.

Detiene el paso frente a mi, al tiempo que pregunta:
- ¿Alguna vez has sentido tanta tristeza que puedes sentir la amargura en tu boca, que sientes al andar que tus piernas te flaquean?

Atónito, aún sin comprender qué es lo que estaba ocurriendo, cómo es que el tiempo había dado espacio para esta intervención, me quedo mudo, quizás esperando que no fuera más que una alucinación tras una noche sin dormir.
- A tu edad, probablemente no. Entonces no intentes comprender.

Y siguió andando hacia la esquina, al mismo ritmo lento de antes, sin detenerse ante el semáforo en rojo.

agosto 7, 2008

sueños olvidados

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 12:11 am

Como todos los días, despertó y buscó su reloj para comprobar lo que ya sabía, que eran las dos. Calculó las horas que quedaban de sueño -cuatro y media- y se fue a la cocina. Abrió el refrigerador, lo cerró. Se sirvió un vaso de coca-cola sabiendo que esa cafeína no sería buena para un buen dormir, dio un sorbó y caminó al dormitorio. Vaso en el velador, play en el disco que pone cada noche para dormir, y volvió a la cama.

Despertó de un gran sueño a las 6:15 y aún no sonaba la alarma, por lo que la canceló. Su gato, como todos los días, apareció demandando cariño, y dedicó unos minutos de los quince a favor que tenía a satisfacerlo, al tiempo que olvidó lo que soñó. Buscó su ropa, entró al baño, encendió el calefactor. Estuvo treinta minutos en el baño y luego otros tantos a ordenar su maletín.

Eran las 7:15 cuando salió del edificio. Desde la puerta de acceso giró despreocupado su cara a la izquierda y se enfrentó a la torre de oficinas vecina. Bella, rupturista pero estilizada, prolija en ángulos y detalles. No pudo, como todos los días, dejar de recordar cómo la habían admirado tantas veces juntos, en esos tiempos lejanos de ser dos en vez de uno.

Subió al auto y emprendió el camino al trabajo. Trató de recordar lo que soñó, ¿fue realmente un gran sueño?. Sabía que en su sueño habían estado juntos, ¿o es que acaso era lo que quería haber soñado?

Siguió manejando, y se entristeció al pensar que todo lo que quedaba ahora eran sueños olvidados y ocho kilómetros de trayecto al resto de su vida.

julio 18, 2008

cáncer

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , — Jorge López @ 8:41 pm

Vive con ella desde hace treinta años, ella dice que él es un amigo suyo, él dice que ella es su pareja. Ella se está muriendo, y cáncer le duele todo el tiempo. Él la cuida, a sus 85 años hace lo que puede y testarudamente dice que hasta la muerte será él quien esté con ella, que nadie más que él tiene que hacerlo.

Ella llora de dolor cada noche, y pierde horas médicas porque no leyó -ni él tampoco- el papel enésimo que le dieron en el hospital. Si, ese pequeñito color verde que decía las catorce treinta de ayer.

La mejor amiga de ella no es precisamente la mejor amiga de él. Ella, la amiga, cree que allá atrás del sitio es donde está la ex mujer de él, que un día hace muchos atrás decidió desaparecer. La amiga cree que quien lo decidió en realidad fue él, y la mantiene allá atrás, bien bajo tierra. Que tras una vida de golpes y vejámenes varios lo mismo pretendía hacer ahora con ella, pero que el cáncer llegó antes y lo dejó de forzado enfermero.

Ella sigue llorando, y su amiga ahora también llora. Llora porque morirá, como todos también moriremos, pero con más dolor que el resto, ese dolor que ya no es del cáncer, es del callejón sin salida de su vida.

Esto, señores, no es ficción.

julio 12, 2008

escena tres

Archivado en: relatos — Etiquetas: , — Jorge López @ 8:20 pm

Fueron escasas las fracciones de segundo que salvaron al perro. Literalmente salvado por un pelo del impacto con el auto, un robusto 4×4 del año, el perro sigue su marcha. No sabe que estuvo a punto de que sus transmisiones en este mundo terminaran, de transformarse en una mera masa deforme de carne. Probablemente sabe que estuvo a punto de sufrir algo doloroso, no sabe bien qué, y  sigue su marcha a la tercera pista con algo más de miedo que con el que llegó a aquella cuasi fatídica segunda pista.

¿Y el chofer? el chofer ya está en su destino, ya olvidó todo el asunto, si es que acaso lo notó. ¿Y el perro? el perro ya está abriendo con su hocico una bolsa de basura en una calle escondida, minutos antes de que la dueña de casa escuche el ruido y salga a tirarle una piedra, que lo hará correr de vuelta a la avenida.

julio 9, 2008

algo va a ocurrir

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , — Jorge López @ 6:53 pm

Tengo la seguridad de que algo va a ocurrir dentro de poco, poco siendo algo más de un mes, poco siendo el trece de agosto. No recuerdo ninguna efeméride mundial, nacional ni mucho menos personal que pueda celebrarse en tal fecha, y tengo suficiente cansancio y pereza como para buscarlo y satisfacer una inquietud que realmente no tengo. Pero algo va a ocurrir, no me cabe duda. Y si tanta seguridad tengo al respecto ha de ser por algo más de una corazonada, y por supuesto que hay algo más.

Fueron cuatro las veces que escribí o pensé escribir 13 de agosto de 2008 como la fecha de hoy que claramente hasta por lo menos 5 horas y 10 minutos es nueve de julio de 2008. Nueve de Julio si que es fecha importante, al menos para los hermanos argentinos que si tienen una calle centrica de Buenos Aires con tal nombre, algo habrán de celebrar. Ahora que lo pienso mañana es diez de julio y creo que moriré sin saber qué ocurrió ese día ni quién era el tal Huamachuco que apellida nuestra emblemática calle de los respuestos de auto y los honrados instaladores de plumillas a dos(e)mil.

Y si, de pronto mis dedos guiaron al lápiz para que presionara el papel y quedara impregnado con los numerales 13 08 08 sin razón alguna. Es cierto, ya quisiera que llegara agosto, y con él un mes más cerca de septiembre, y con septiembre ya estamos listos para el verano y con eso fin de la campaña de invierno y de las guaguas y abuelos enfermos y reenfermados otra vez.

Pero no, esa no es una razón para escribir con tanta seguridad esa fecha. Más bien me habría confundido sólo de mes, no de día, habría sido un nueve de agosto, no un trece. Así que si, no hay duda, algo se viene. Algo ha de pasar el trece, y no queda más que esperar a que sea algo bueno.

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