Jorge López.

agosto 10, 2008

últimas palabras

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 8:41 pm

Todo fue tan rápido que se me hace difícil recordar los detalles. La mujer venía en sentido contrario al mío, caminando con la mirada extraviada, o quizás demasiado fija en un punto lejano, vistiendo una falda larga en tono naranja y blusa de flores fuera de este tiempo. Nada de esto era tan curioso como el hecho de que sus manos las llevara semiflectadas, palmas hacia adelante. Mi primera impresión fue que se encontraba rezando un padrenuestro, pero algo en ella me hizo descartar la posibilidad.

De pronto su mirada se enfocó en mi de forma que fue imposible evitar demostrar que la observaba. Así, nuestros ojos chocaron de manera más bien incómoda, cuando a esas alturas ya estábamos demasiado cerca.

Detiene el paso frente a mi, al tiempo que pregunta:
- ¿Alguna vez has sentido tanta tristeza que puedes sentir la amargura en tu boca, que sientes al andar que tus piernas te flaquean?

Atónito, aún sin comprender qué es lo que estaba ocurriendo, cómo es que el tiempo había dado espacio para esta intervención, me quedo mudo, quizás esperando que no fuera más que una alucinación tras una noche sin dormir.
- A tu edad, probablemente no. Entonces no intentes comprender.

Y siguió andando hacia la esquina, al mismo ritmo lento de antes, sin detenerse ante el semáforo en rojo.

agosto 7, 2008

sueños olvidados

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , , — Jorge López @ 12:11 am

Como todos los días, despertó y buscó su reloj para comprobar lo que ya sabía, que eran las dos. Calculó las horas que quedaban de sueño -cuatro y media- y se fue a la cocina. Abrió el refrigerador, lo cerró. Se sirvió un vaso de coca-cola sabiendo que esa cafeína no sería buena para un buen dormir, dio un sorbó y caminó al dormitorio. Vaso en el velador, play en el disco que pone cada noche para dormir, y volvió a la cama.

Despertó de un gran sueño a las 6:15 y aún no sonaba la alarma, por lo que la canceló. Su gato, como todos los días, apareció demandando cariño, y dedicó unos minutos de los quince a favor que tenía a satisfacerlo, al tiempo que olvidó lo que soñó. Buscó su ropa, entró al baño, encendió el calefactor. Estuvo treinta minutos en el baño y luego otros tantos a ordenar su maletín.

Eran las 7:15 cuando salió del edificio. Desde la puerta de acceso giró despreocupado su cara a la izquierda y se enfrentó a la torre de oficinas vecina. Bella, rupturista pero estilizada, prolija en ángulos y detalles. No pudo, como todos los días, dejar de recordar cómo la habían admirado tantas veces juntos, en esos tiempos lejanos de ser dos en vez de uno.

Subió al auto y emprendió el camino al trabajo. Trató de recordar lo que soñó, ¿fue realmente un gran sueño?. Sabía que en su sueño habían estado juntos, ¿o es que acaso era lo que quería haber soñado?

Siguió manejando, y se entristeció al pensar que todo lo que quedaba ahora eran sueños olvidados y ocho kilómetros de trayecto al resto de su vida.

julio 12, 2008

escena tres

Archivado en: relatos — Etiquetas: , — Jorge López @ 8:20 pm

Fueron escasas las fracciones de segundo que salvaron al perro. Literalmente salvado por un pelo del impacto con el auto, un robusto 4×4 del año, el perro sigue su marcha. No sabe que estuvo a punto de que sus transmisiones en este mundo terminaran, de transformarse en una mera masa deforme de carne. Probablemente sabe que estuvo a punto de sufrir algo doloroso, no sabe bien qué, y  sigue su marcha a la tercera pista con algo más de miedo que con el que llegó a aquella cuasi fatídica segunda pista.

¿Y el chofer? el chofer ya está en su destino, ya olvidó todo el asunto, si es que acaso lo notó. ¿Y el perro? el perro ya está abriendo con su hocico una bolsa de basura en una calle escondida, minutos antes de que la dueña de casa escuche el ruido y salga a tirarle una piedra, que lo hará correr de vuelta a la avenida.

julio 9, 2008

algo va a ocurrir

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , — Jorge López @ 6:53 pm

Tengo la seguridad de que algo va a ocurrir dentro de poco, poco siendo algo más de un mes, poco siendo el trece de agosto. No recuerdo ninguna efeméride mundial, nacional ni mucho menos personal que pueda celebrarse en tal fecha, y tengo suficiente cansancio y pereza como para buscarlo y satisfacer una inquietud que realmente no tengo. Pero algo va a ocurrir, no me cabe duda. Y si tanta seguridad tengo al respecto ha de ser por algo más de una corazonada, y por supuesto que hay algo más.

Fueron cuatro las veces que escribí o pensé escribir 13 de agosto de 2008 como la fecha de hoy que claramente hasta por lo menos 5 horas y 10 minutos es nueve de julio de 2008. Nueve de Julio si que es fecha importante, al menos para los hermanos argentinos que si tienen una calle centrica de Buenos Aires con tal nombre, algo habrán de celebrar. Ahora que lo pienso mañana es diez de julio y creo que moriré sin saber qué ocurrió ese día ni quién era el tal Huamachuco que apellida nuestra emblemática calle de los respuestos de auto y los honrados instaladores de plumillas a dos(e)mil.

Y si, de pronto mis dedos guiaron al lápiz para que presionara el papel y quedara impregnado con los numerales 13 08 08 sin razón alguna. Es cierto, ya quisiera que llegara agosto, y con él un mes más cerca de septiembre, y con septiembre ya estamos listos para el verano y con eso fin de la campaña de invierno y de las guaguas y abuelos enfermos y reenfermados otra vez.

Pero no, esa no es una razón para escribir con tanta seguridad esa fecha. Más bien me habría confundido sólo de mes, no de día, habría sido un nueve de agosto, no un trece. Así que si, no hay duda, algo se viene. Algo ha de pasar el trece, y no queda más que esperar a que sea algo bueno.

junio 29, 2008

no llueve

Archivado en: relatos — Etiquetas: , , , — Jorge López @ 2:58 pm

El cielo está rojo. No es cierto, en realidad está tirando a morado. ¿Hace frío? mamá dice que lloverá. Yo digo que en Santiago no llueve, sólo cae algo de agua de cuando en vez.

Podría llover, sí, claro que sin pensar en pelotudeces de que se inunden los pobres, o unos pocos ricos cerca de una quebrada. Lluvia, dos días de lluvia por lo menos, todo el día, tupido y parejo. Más y más días y ver la ciudad inundada cual New York en A.I.: La fuente de Neptuno adecuadamente sumergida, irme a nado a la Torre Centenario. Sus buenos piqueros, una zambullida a la Plaza Mulato Gil.

Mas no llueve. Hoy me cayó una gota, si, en la mejilla derecha. Al menos no en los lentes. La lluvia y los lentes no se llevan bien. No crean que veo muy bien cuando están llenos de gotas. Y cuando por fin logro subirme a una micro la condensación del aire o qué se yo qué desbarajuste físicotermodinámico hace que más encima se empañen.

Afuera el cielo sigue morado y no hay viento, dicen los árboles, cinco sin hojas y cuatro bien frondosos. Serías un árbol de hoja perenne o caduca? Perenne, y yo sería un palto. Tronco grueso, sinuoso, gruesas bifurcaciones, si bien frágiles. Copa amplia y cómodo espacio interior. Mis hojas secas abajo crujen cuando caminan cerca. Tantas hojas caen que no sale pasto cerca, lo que me da su resto de privacidad. El palto no tolera bien el frío, si, lo que me parece más que adecuado. Debiera declararse inhumano vivir con menos de 3°C, lo demás (de menos para ser precisos) es exceso. Además, con frío no llueve, nieva, y yo quiero lluvia. Igual sería un poco canibal con lo mucho que me gustan las paltas, tengo que meditar al respecto.

Ahora, un palto difícilmente podría escribir, ni usar lenguaje, ni pensar. Ah, pero las celulas vegetales siempre me parecieron tan atractivas, que creo que podría sacrificar algunas cuantas cosas.

(Agosto 2006)

junio 25, 2008

4:30 AM

Archivado en: relatos — Etiquetas: , — Jorge López @ 12:12 am

Las calles ya están desiertas. Sonidos aquí y allá más habitualmente son hojas que caen que pasos escondidos. Aún quedan trabajando algunas prostitutas que quizás por el frío, quizás por el escaso trabajo en la noche, acceden a conversar con un par de tipos que parecieran haber bebido ya todo lo que tenían. Un hombre camina por el medio de la calle. Obeso, tambaleante, pareciera la caricatura perfecta de un ebrio. Su cara muestra confusión, un leve toque de miedo, ¿Es acaso su primera vez?

La calle es mi calle, la caricatura está frente a casa. Abro la reja y entro, al tiempo que un auto dobla y acelera. Cierro la reja sin mirar atrás ante el ruido sordo de la grasa humana.

Quizás sirva para rellenar algún rincón vacío en el diario de la tarde.

junio 11, 2008

escena dos

Archivado en: relatos — Etiquetas: , — Jorge López @ 7:40 pm

- ¿y Manuel?
- Está muerto
- ¿Y Toñito?
- El tío Antonio también
- ¿Y Claudio?
- Muerto
- ¿Juan?
- Ese soy yo mamá..

Juan tiene unos cuarenta años, y lleva a caquéctica madre en una silla de ruedas. El paseo diario que la mujer exije.

- Sin mayor gestualidad el listado prosigue
- ¿Y Danilo?
- Se fue a vivir afuera, te acuerdas que se casó con..
- ¿Y María?

No hay respuesta.
- ¿Y Andrés?
- El papá hace años que murió, mamá.

Juan aprieta los dientes, respira profundo, sigue llevando esa silla de ruedas, cada vez más cuesta arriba.

junio 2, 2008

Ingeniero, ¿es usted?

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 8:51 pm

Ingeniero, ¿es usted?

Las palabras, con marcado acento argentino, venían de la boca de un hombre alto y delgado, de ropa sucia pero digna, cubierto por un abrigo largo y de buen corte y una barba sin cuidar de un par de semanas.

Tras mi negativa a ser su ingeniero y mi claro deseo de seguir adelante, vino un bueno, no importa, necesito que me ayudes, mirá, tengo que estar mañana en Antofagasta y me falta dinero, viste? ¿me podrás ayudar?

Mi negativa ciertamente no le pareció bien, pero peor le pareció mencionara que no tenía monedas. Bah, yo necesitaba billetes.

Y se alejó tan rápido como llegó, murmurando pensamientos ininteligibles.

mayo 31, 2008

caminata nocturna

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 9:40 am
Salgo desde la tienda donde compro una paquete de papas fritas y me encamino a casa. Es de noche y son muy pocos los que andan por la calle, incluso estando en el centro del pueblo. Llego a una esquina y el carnicero sale hacia afuera como si buscara encontrarme, y me dirige una mirada inquisidora, demandante, como si algo quisiera de mi, así que acelero el paso y evito el encuentro.

La vuelta de la esquina me enfrenta a una pequeña ventana, en parte cubierta por un cartón. Desde adentro se escucha un saxo, ¿o un trombón?, con el que un aprendiz de músico intenta lograr una escala. No, son dos saxos, pero el segundo concertista requiere aun mayor entrenamiento. Por breves instantes recuerdo cuando quise aprender piano, y de cuando no tomé esas clases por temor a esa anciana profesora que nunca conocí. Es curioso cómo vuela el tiempo.

Tras la ventana y tras la respectiva casa no queda gran cosa. Casas a oscuras, cuadras y cuadras caminando a solas. De pronto un sitio baldío a la izquierda, con un muro derribado que permite ver hacia dentro, por supuesto revelando nada. Pienso en lo ocurrente que sería la aparición de un fantasma en estos momentos, cruzando la calle, directo hacia mi, cuando a varias cuadras parece no haber nadie.

Nadie, tan sólo yo, el frío que se cuela entre mi chaqueta y mi camisa, la luz de los faroles y las sombras. El silencio sólo se rompe por el crujido de las papas fritas en mi boca.

Cuando finalmente voy llegando a casa, pienso que éste sería un buen comienzo para una historia. Y me queda dando vueltas esa idea. Y por qué no, después de todo, cada momento puede ser el momento para una vuelta de tuerca, para comenzar de nuevo, para un nuevo episodio de la sitcom, o por qué no, para el esperado largometraje.

(junio, 2006)

mayo 26, 2008

anoche

Archivado en: relatos — Etiquetas: — Jorge López @ 10:45 pm

Hoy desperté con un curioso dolor en mi glúteo derecho. Una extraña sensación que trae a la memoria la incómoda sensación que perduró por varias horas tras la inyección de penicilina que recibí no sin antes mostrar mi cobardía a raíz de una molesta amigdalitis.

La misma sensación llevó a una incógnita, y desde ahí a pensar en que de hecho no logro recordar qué fue lo que ocurrió ayer. Mente en blanco.

Escuché el timbre. Si, definitivamente lo escuché. Esperaba que sonara, vendría un amigo a casa, un colega. ¿Estaba enfermo? pareciera que no. Recordaría una amigdalitis que me hiciera comprender mejor la situación. Y para qué lo llamaría a él por una amigdalitis, algo tan trivial. Fui a la puerta, nadie afuera.

Ah, para emitir la licencia médica respectiva lo habría necesitado. Pues hoy es martes, y ayer no trabajé, creo. Ciertamente hoy no estoy trabajando. Mi cuello. Vaya que duele. ¿Una mala noche, una contractura muscular?

Recuerdo algo. Noche insomne perfecta para redactar emails lácrimógenos. Un ruido en la puerta de entrada. ¿Pasos? Temor. Más de 20 años en esta casa sin vecinos, sin alarmas, sin protecciones. Tenía que llegar el día. ¿O es acaso Pesadilla, la gata díscola e independiente haciendo intentos por entrar? Si, los gatos ya me han hecho pasar por trances parecidos. Silencio. Miedo.

Tras el silencio seguí escribiendo el email. Largo y tendido, siempre soy mejor escribiendo que hablando.

Sigo escribiendo hasta que la luz y la música se apagan. El brillo del laptop iluminó el inesperado golpe en mi nuca. Caigo hacia un lado. La inyección, la mirada de mi amigo, serena, seria. No hay tiempo para comprender, es tiempo de dormir.

Y ahora el tiempo es de confusión.

(febrero 5, 2008.)

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