

Casi un Objeto, de José Saramago, es una selección de cuentos publicada en 1978, esto es, en forma previa a sus obras más conocidas, que aparecerían a partir de los años ochentas. Así, estamos ante un trabajo de cierta forma inicial, donde el estilo clásico de Saramago aún no parece desplegarse completamente. Desde un punto de vista estructural, se trata de un texto más bien tradicional, donde incluso aparecen diálogos dentro de los cánones habituales de la escritura, esto es, con intervenciones con guiones e interlineadas, estilo que más adelante sería abandonado por uno absolutamente propio y fascinante.
La Caverna es la primera novela que José Saramago publica después de ganar el Premio Nobel de Literatura en 1998. Leer a Saramago puede ser una tarea compleja. Su narrativa con parrafos extensos en los que aparecen diálogos completos con un uso muy particular de los métodos de puntuación puede alejar inicialmente a quien se inicie en la tarea de leerlo, pero pronto llega el momento en que su método resulta paradójicamente lógico y fácil de seguir.
Incluso pasadas estas dificultades iniciales, la lectura de La Caverna puede ser frustrante: La historia en si es mínima (una familia de alfareros en un mundo que ya no quiere alfarería) y los acontecimientos ocurren en forma lenta y sin mayor sorpresa, no es dificil saber qué es lo que ocurrirá finalmente. Y es que para disfrutar la novela hay que entender que el argumento es más bien una buena excusa para realizar una meditación, o un “ensayo” sobre una serie de temas, partiendo por los generales de la novela: por un lado realizar un analisis respecto a la familia y el paso a la vejez, y por otro lado una crítica a nuestro consumista mundo actual, realizando un paralelo entre la vida moderna y el mito de la caverna de Platón.
Durante el desarrollo de estos temas principales, Saramago aprovecha la historia como una anécdota para hacer múltiples reflexiones. Reflexiones sobre la mente de los perros (incluyendo una memorable explicación de que explica la existencia del “perro de las lágrimas”, tanto aquí con en sus Ensayos sobre la Ceguera y la Lucidez), sobre la familia, sobre Dios o la ausencia de éste, sobre las palabras y sobre el lenguaje verbal y no verbal, así como sobre el mismo arte de escribir una novela.
Sobre este último punto, resulta notable cómo es que durante la narración nunca pretende engañarnos. Saramago sabe que sus personajes son ficticios y nos lo hace saber directamente. Es capaz de detener la acción para explayarse en un tema en especial y podemos imaginar sin dificultad a estos seres congelados de pronto como quien oprime el botón de pausa mientras él se pasea por el set imaginario en que se encuentran para hacer sus memorables meditaciones en su estilo ácido y a la vez ameno, incluso en ocasiones fráncamente hilarante, sin jamás caer en un sobreintelectualismo que arruinaría la narración.
Así, La Caverna, con su historia sencilla y su afectuoso acercamiento a personajes plenamente queribles es una gran novela de ideas, donde Saramago demuestra que pese a estar acercándose a los 80 años al momento de su publicación, es un cronista único de nuestro agitado mundo actual.